España no es el único país en el que se han producido recientes e importantes cambios en la legislación de las fuentes de energía renovable. Gracias a su enorme implantación, al menos 144 países tienen objetivos fijados de renovables y 138 de ellos las apoyan económicamente, según el último informe sobre la situación de las energías limpias en el mundo de REN 21. Raro es el día que el espejo mágico del ordenador no nos informa de algún cambio normativo en algún lugar del mundo.

Sin embargo, en las últimas semanas se han producido importantes anuncios en Francia, Alemania e Italia, países en los que conviene fijarse, no sólo por la cercanía, sino también porque, como España, son referencias para saber por dónde van los tiros de las políticas internacionales de apoyo a las energías limpias.

Francia empieza a despedirse de la energía nuclear

Francia, el coloso atómico de Europa, que considera sus armas nucleares como parte esencial de su grandeur  –cosa que a la UE le parece muy bien porque el arsenal británico está obsoleto–, ha lanzado un borrador de regulación que plantea alcanzar un 32% de cuota de renovables en 2030. En la actualidad, las fuentes limpias cubren poco más del 13% de la demanda y su objetivo para 2020 es llegar al 23%.

Además de las primas que recibirán las nuevas instalaciones renovables, la banca pública francesa acaba de anunciar que dispondrá de 500 millones de euros para facilitar la financiación de un desarrollo que implica reducir necesariamente la cuota nuclear, en la actualidad del 75%. Tratándose de Francia, es un vuelco espectacular.

Por mucho que se entonen loas al futuro de la nuclear, está claro que no será en la UE; es más que dudoso que llegue a construirse el reactor que Reino Unido quiere tener operativo a partir de 2030

Por mucho que se entonen loas al futuro de la nuclear, está claro que no será en la UE; es más que dudoso que llegue a construirse el reactor que Reino Unido quiere tener operativo a partir de 2030, porque su electricidad debería pagarse a nada menos que 110 €/MWh, más del doble del precio actual de los mercados eléctricos europeos.

Autoconsumo en Alemania y Portugal

Alemania, después de meses de discusión –allí los gobiernos locales tienen mucho poder–, ya ha decidido sobre el tratamiento que otorgará al autoconsumo. En el país teutón, los consumidores abonan una tasa especial para las renovables –y la transformación energética en general– en cada kWh que consumen. Dicha tasa asciende este 2014 a poco más de 6 c€/kWh y recaudará 23.600 millones de euros, tres veces más que las primas a las renovables en España.

En la primera propuesta legislativa del Gobierno alemán, en enero, se planteaba que cada autoconsumo con fuentes renovables abonase el 70% de la tasa, aplicando un concepto muy similar al del “peaje de respaldo” que planteó España por primera vez y que es más conocido como impuesto al sol. Ahora bien, en la nueva versión de la Ley alemana, las instalaciones mayores de 10 kW –las menores, domésticas, estarán exentas– el porcentaje se reduce al 30% hasta el final de 2015, aumentando al 35% en 2016 y al 40% en 2017.

Portugal también acaba de anunciar su nueva regulación para la autogeneración de energía, que permitirá el autoconsumo instantáneo y la venta de excedentes al precio del mercado, menos un 10% que se destinará a cubrir los costes del sistema, con lo que también incorpora otra variante del invento patrio del peaje de respaldo.

Portugal también acaba de anunciar su nueva regulación para la autogeneración de energía, que permitirá el autoconsumo instantáneo y la venta de excedentes al precio del mercado

El mal ejemplo de España

Italia, por su parte, ha decidido incorporar a su regulación las medidas retroactivas que también se aplicaron a las renovables por primera vez en España. Así, ha dado dos opciones a todas las instalaciones fotovoltaicas mayores de 200 kW: o bien alargan el período de recepción de las primas de 20 a 24 años, o bien se quedan con los 20 años, pero cobrando un 10% menos. Según el Gobierno, afectará al 6% de las instalaciones, que reciben el 60% de las primas.

España sigue sentando escuela en la regulación internacional de las renovables. Sin embargo, incluso con prácticas inaceptables, como la retroactividad, o muy discutibles, como el peaje de respaldo, los alumnos muestran una mesura y una búsqueda de la ecuanimidad social –de protección al particular– que aquí brilla por su ausencia.

Aquí, el impuesto al sol será tan abusivo –aún no está aprobada la norma– que hacer autoconsumo será más caro que seguir comprando la energía a la compañía eléctrica. Y la retroactividad se ha aplicado salvajemente a todas las tecnologías, con recortes mayores del 30%, sin demasiados distingos.

Aquí nos imponen una regulación para las renovables que tiene el marchamo del ensañamiento y nos reabren Garoña. Fuera se despiden del átomo y procuran que el cambio de modelo energético sea democrático y no se cargue excesivamente sobre los más pobres.