El Panel Intergubernamental para el Cambio Climático de la ONU (IPPC, por sus siglas en inglés) acaba de publicar su quinto informe. Se trata del documento más completo sobre la evolución del calentamiento del planeta Tierra –el nuestro, para más señas– y se elabora periódicamente para orientar a nuestros líderes mundiales a la hora de tomar decisiones que nos afectan a todos. Su validez científica y su reconocimiento es universal, desde que apareció su primera edición allá por 1990; prueba de ello es que la segunda edición fue crucial para que se alcanzase el Protocolo de Kioto en 1997, y que la cuarta obtuvo el Premio Nobel de la Paz.

Esta última edición del informe, dada a conocer en tres partes, advierte de que el impacto del calentamiento global ya está aquí, ya se han medido suficientes transformaciones en el clima como para afirmarlo de forma tajante. Igualmente, avisa de que es necesario un cambio “drástico” del modelo económico si queremos evitar sus peores efectos: guerra, pobreza, migraciones…

Greenpeace, la gran ONG ecologista, ha utilizado el ingente volumen de datos facilitados por el IPPC para enfocar el problema en España en el informe titulado España: hacia un clima extremo. De acuerdo con los sabios de la ONU, el sur de Europa va a ser una de las zonas más afectadas –ya lo es– por la subida del nivel del mar, el descenso del régimen de lluvias, las olas de calor extremo, los incendios…

Erosión de la costa

Este invierno, los temporales han azotado la cornisa Cantábrica y han obligado al Gobierno central a destinar 43,7 millones de euros extraordinarios a reparar los daños causados por el fuerte oleaje, que ha batido récords de altura coincidiendo con la pleamar. Afortunadamente, España no está expuesta a los huracanes, como Filipinas –dedica un 0,7% anual del de PIB a paliar y prevenir sus efectos–, pero la pérdida de hielo de los polos y Groenlandia aumentará el nivel del mar, incrementando el impacto de los temporales en nuestras costas.

Los científicos ya afirman que el deshielo es responsable de una subida del nivel del mar de 3,1 milímetros anuales en la última década; a finales de siglo, si no se invierte la tendencia, el incremento acumulado puede superar el metro y medio. Aunque el consenso académico está en que oscilará entre medio metro y un metro, en cualquier caso exigirá mejorar las defensas costeras y muy probablemente obligará a abandonar viviendas y otras infraestructuras.

La población afectada anualmente por las inundaciones costeras en la UE pasará de 775.000 en la actualidad a 5,5 millones hacia 2080

La población afectada anualmente por las inundaciones costeras en la UE pasará de 775.000 en la actualidad a 5,5 millones hacia 2080. Los costes directos para 27 países de la UE –aún no hay datos de Croacia, el último país en incorporarse– ascenderán a 17.000 millones de euros anuales en 2100; en todo el mundo, rondarán  los 100.000 millones anuales. España, explicita el IPCC, será de los países más afectados.

Turismo

El turismo, el motor económico de España –algo más del 11% del PIB–, será una de las actividades más perjudicadas por el aumento de las temperaturas; los veranos mediterráneos pasarán a ser asfixiantes, porque subirán de 5 a 8 grados centígrados durante este siglo –ya han subido 1,5 grados en relación a la era preindustrial–, afectando a la afluencia de visitantes. Algunos apuntan que podría mejorar el atractivo del país en primavera y otoño, pero parece claro que otras regiones del norte de Europa saldrán beneficiadas del empeoramiento de nuestro atractivo climático en el período vacacional.

También el turismo de interior se verá afectado por el calor. Un caso paradigmático es el de montaña: es conocido que los glaciares pirenaicos se han reducido un 90% desde que empezó el siglo XX y para esta centuria se espera que la cota de nieve para esquiar, actualmente en los 1.500 metros de altitud, pase al entorno de los 2.000 metros, afectando a la inmensa mayoría de pistas del país. La situación ya alarma a la industria del turismo alpino, que ve cómo su negocio se desmorona paulatinamente año tras año.

Vino

La productividad agrícola en el sur de Europa sufrirá por la reducción del régimen de lluvias y el aumento de la temperatura. En los escenarios de mayor calor, la pérdida del rendimiento de las cosechas llegará al 25% en 2080, provocando una disminución del 1% del PIB. En otras regiones del mundo, más pobres y peor preparadas, los efectos serán catastróficos.

Ahora bien, a nosotros nos dolerá en el vino. España produce el 12% de los caldos mundiales, somos los terceros exportadores, tras Italia y Francia, y no es exagerado añadir que la fama nos precede. Pues bien, el calentamiento no sólo afectará a la producción –Córdoba podría perder hasta el 60% de la cosecha–, sino a las calidades también, destruyendo la reputación de las Denominaciones de Origen. La industria vitivinícola no cierra los ojos ante la gravedad de la situación, como demuestra la Declaración de Barcelona Wineries for Climate Change, suscrita por 300 bodegas en 2011.

Incendios y enfermedades infecciosas

El IPPC ya ha contrastado un incremento de unos incendios forestales que en 2012 ya provocaron el desalojo de 30.000 personas. Más del 90% de estos desastres tiene origen humano, pero la frecuencia y la extensión de los mismos han crecido desde 1970 por la acumulación de bosques sin limpiar ni mantener y por el aumento del calor y la sequedad ambiental. Los incendios mayores de 500 hectáreas serán cada vez más numerosos, hasta duplicar el 38% actual, y la recuperación de la tierra quemada será cada vez más difícil.

Y respecto a las infecciones… Plagas y enfermedades están apareciendo en regiones donde antes no se producían por la proliferación de insectos y otros portadores. Nosotros tenemos el ejemplo del mosquito tigre, Aedes albopictus, procedente de Asia. Ya afincado en el Levante, en otras latitudes –aún no en España– es vector de transmisión de fiebre amarilla o dengue. El paludismo autóctono, oficialmente erradicado en 1964, tuvo un primer brote hace unos años, en 2010, y hay algunas zonas, como el Delta del Ebro, donde ya se dan las condiciones para que haya malaria.

Energía

Los dos tercios de las emisiones de efecto invernadero proceden de la quema de combustibles fósiles. En el sur de Europa, el aumento de las temperaturas propiciará un incremento del consumo energético en verano para los aparatos de aire acondicionado. Lo mínimo que podemos hacer para que ese consumo no dañe aún más nuestra forma de vida –que nos gusta y querríamos mantener– es consumir energía renovable.

 El aumento de las temperaturas propiciará un incremento del consumo energético. Lo mínimo que podemos hacer para que ese consumo no dañe aún más nuestra forma de vida –que nos gusta y querríamos mantener– es consumir energía renovable

Todavía hay quienes niegan el origen humano del cambio climático y siguen obcecándose en señalar al Sol, al eje rotatorio de la Tierra o a la propia dinámica planetaria para explicar el calentamiento, que es algo irrefutable, y acallar con ello sus conciencias. Recuerdan ese viejo chiste en el que un niño pregunta “Papá, ¿qué está más lejos? ¿La Luna o Albacete?” y el padre, inocentemente, responde: “¿Pero tú eres tonto? ¿Tú ves Albacete desde aquí?”.

¿Y tú? ¿También eres tonto o te fías de la ciencia?