Las grandes multinacionales de algunos sectores económicos, como el alimentario –el primero de la economía española–, están muy preocupadas por la percepción que tienen de ellas los consumidores. Si los internautas hacen retumbar mensajes negativos por las redes sociales, se nota en los lineales de los supermercados. Por eso, muchas de ellas están otorgando una importancia creciente a su comportamiento ambiental, habitualmente dentro de la llamada Responsabilidad Social Corporativa.

Para ellas, que actúan en todo el mundo, la imagen es fundamental y el comportamiento, como le ocurría a la de la mujer del César, tiene que ser intachable, sea donde sea: malas prácticas lejos –como ha pasado con los bosques indonesios–, significa pérdidas globales; y malas prácticas en el entorno inmediato de las factorías conlleva el rechazo de la comunidad, el descontento de los trabajadores y problemas con la Administración.

En todos los casos, las grandes corporaciones quieren reducir el impacto de su actividad productiva sobre el entorno natural, ya sea con el consumo de agua –la huella hídrica–, con las emisiones de CO2 –la huella de carbono–, con la cantidad de residuos generados y con su tratamiento…

Las decisiones de esos colosos de avanzar hacia un modelo de negocio más sostenible, debido al tamaño que tienen y a su gran poder de compra, no les afectan únicamente a ellos; también incumben a sus proveedores, iniciando una cadena que llega hasta las labores más básicas. Por ejemplo, en Badajoz, en la Vega del Guadiana, un fabricante de tomate industrial, líder mundial en su producto, está impulsando prácticas de agricultura sostenible porque así se lo exige su principal cliente, una multinacional alimentaria.

 

Sostenibilidad rentable y competitiva

Este giro hacia la sostenibilidad, por otro lado, al aumentar la eficiencia de los procesos, genera ahorros de insumos y resulta muy rentable. En el caso real comentado, los agricultores que no se han querido implicar en la transformación están abandonando la producción del tomate porque no pueden competir.

Este giro hacia la sostenibilidad, por otro lado, al aumentar la eficiencia de los procesos, genera ahorros de insumos y resulta muy rentable

De este modo, actuar de un modo sostenible comienza a ser una ventaja frente a los rivales, porque se está convirtiendo en un condicionante. En unos casos son los gobiernos, con políticas incentivadoras; en otros, la presión social, encabezada por los grupos ecologistas; en otros, únicamente el marketing… Da lo mismo; lo importante es que ser sostenible comienza a ser una exigencia.

Una de las medidas que más frecuentemente se adopta para reducir la huella ambiental de las organizaciones, concretamente, la de carbono, es el consumo de electricidad procedente de fuentes de energía renovable, porque es un suministro fácil de contratar y sin impacto negativo alguno sobre la cuenta de resultados.

Una de las medidas que más frecuentemente se adopta para reducir la huella ambiental de las organizaciones, es el consumo de electricidad procedente de fuentes de energía renovable

Así, cualquier empresa que aspire a que las puertas no se le cierren por culpa de su comportamiento, debería curarse en salud y contratar kilovatios verdes limpios. Porque la energía renovable no sólo evita la degradación del medio ambiente, también amplía el horizonte del negocio.