El último Informe sobre el Impacto Macroeconómico de las Energías Renovables en España, elaborado por la Asociación de Empresas de Energías Renovables (APPA), un documento im-pres-cin-di-ble para cualquiera que esté interesado en el sector de la energía limpia, cifra en 93.415 el número de personas que trabajan en él (ver gráfico inferior). La cifra es un 31% más baja que el máximo de empleo mantenido por el sector, que se alcanzó, según la Asociación, en 2008, con 136.163 trabajadores.

Ese descenso se debe a la crisis que atraviesan las fuentes verdes como resultado de la política de acoso y derribo emprendida por este y el anterior Gobierno, impulsada y aplaudida por los grandes conglomerados energéticos que obtienen el grueso de sus ingresos de la explotación de los combustibles fósiles y la energía nuclear.

Empleo directo e inducido del sector renovable en España

Ahora bien, si acudimos a otras instituciones que se han preocupado de calcular el empleo generado por las energías limpias desde que comenzó su despegue, hace casi 20 años, resulta que la destrucción de puestos de trabajo puede haber sido mucho mayor: el Servicio Público de Empleo Estatal calculaba que en 2009 había unos 188.000 trabajadores en el sector de las renovables. Según esto, la reducción habría sido superior al 50%.

Más allá de las cifras concretas de creación y destrucción de empleo, resulta muy interesante la enorme disparidad de los datos, lo que refleja la variabilidad de los resultados en función de la metodología de cálculo y la dificultad de identificar a los trabajadores de las renovables y de la economía verde en general. Afortunadamente, la ecología empieza a empapar nuestro tejido productivo y cada vez es más difícil trazar la raya de separación.

Afortunadamente, la ecología empieza a empapar nuestro tejido productivo y cada vez es más difícil trazar la raya de separación

 

Por ejemplo, si un agricultor cultiva soja para consumo humano, no cabe duda de que guarda poca relación con las renovables, pero… ¿Qué ocurre si ese mismo agricultor siembra sus campos con soja para abastecer una planta de producción de biodiesel? ¿Un instalador cambia de categoría según monte una antena de telefonía o unos paneles solares térmicos? ¿Se puede considerar renovable una metalúrgica que fabrique los fustes de los aerogeneradores?

Otra dificultad reside en el tiempo en que un trabajador le dedique a las renovables durante su jornada habitual. Por ejemplo, el programa Empleaverde, acometido por la Fundación Biodiversidad –dependiente del Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente– había formado a más de 55.000 trabajadores para reducir el impacto ambiental de sus actividades a finales de 2013… Esa gente, ¿contabiliza como empleo verde o se mantiene en su categoría anterior?

Nuevamente más allá de las cifras concretas, y a pesar del gigantesco coste de oportunidad que nos acarrea el frenazo al crecimiento renovable, hay que decir alto y claro que la evolución del sector es espléndida. El primer informe sobre el empleo en renovables en España lo publicó el Ministerio de Medio Ambiente en 1998, y entonces sólo había 3.522 trabajadores. Dando por buenos los datos de APPA –siempre ha sido muy prudente a la hora de ofrecer cifras concretas para evitar suspicacias– el crecimiento experimentado ha sido del 2.500%.

El primer informe sobre el empleo en renovables en España lo publicó el Ministerio de Medio Ambiente en 1998, y entonces sólo había 3.522 trabajadores. El crecimiento experimentado desde entonces ha sido del 2.500%

 

El empleo verde en España, según Eurostat, ascendía a 222.000 puestos en 2011 y había alcanzado una punta de 275.000 en 2008. Otras fuentes aportan números más altos: la Escuela de Organización Industrial lo estimaba en 407.200 puestos en 2010. Este Gobierno nuestro, tan afín a la ecología, rebaja esos datos hasta 159.000 puestos en 2012, según recoge la última evaluación del comportamiento ambiental de España elaborado por la OCDE. El organismo internacional, en cualquier caso, destaca que las renovables han sido su motor principal de crecimiento; el Gobierno, en cambio, afirma que ese mérito le corresponde al tratamiento de residuos.