Cada vez es más frecuente leer noticias sobre coches eléctricos en medios de comunicación no especializados, ni siquiera en motor, por lo que no es descabellado pensar que el tema interesa a la opinión pública. Acostumbro a leer los diarios digitales en los que los lectores pueden dejar sus comentarios. Leyéndolos con atención, me doy cuenta de que la mayoría de los detractores del vehículo eléctrico no lo han probado y, por supuesto, no son propietarios de uno de estos vehículos.

Hasta aquí, todo razonable; el conductor que lo rechaza esgrime la falta de autonomía como principal argumento, pero también la escasez de puntos de recarga o su precio. Sin embargo, los que sí somos usuarios del vehículo eléctrico estamos encantados.

Antes de razonar los inconvenientes y las ventajas del vehículo eléctrico hay algo que tengo que advertir al lector: si el coche eléctrico no encaja en su estilo de vida, no se enfade, nadie le obliga a comprarlo. No somos ni mejores ni peores los que estamos encantados con los coches movidos por electricidad. Cada uno aporta al cuidado del medioambiente lo que estima oportuno. Afortunadamente somos libres para elegir.

Recuerdo cuando se lanzó el Smart, un éxito de Daimler que, en aquel entonces, mucha gente criticaba por ser de dos plazas y por sus limitaciones para viajar. ¿A quién no le parece práctico hoy un Smart?

Vamos por partes con los cuatro “inconvenientes” que con más frecuencia se atribuyen a los vehículos eléctricos:

1. Autonomía

La diferencia de autonomía con un vehículo de motor térmico es innegable en la mayoría de los casos, pero… ¿es realmente necesaria tanta autonomía? Desde AEDIVE estiman que el 80% de los desplazamientos diarios son de menos de 100 kilómetros. Por tanto, con la mayoría de los actuales coches eléctricos se cumplen las necesidades del 80% de los desplazamientos. Para todo lo demás… alquilemos un coche convencional, usemos el tren… El ahorro en combustible acumulado al final del año nos hará tener dinero ahorrado para estos casos en los que nuestro coche no sirve.

2. Recarga

La escasez de puntos de recarga es otro argumento en contra. Aquí, la mentalidad es la que tiene que cambiar. No conozco a nadie que tenga un surtidor de gasolina en casa, pero sí conozco a mucha gente que tiene un enchufe convencional, suficiente para empezar a cargar un coche eléctrico. El futuro de la recarga debe ser privado y sólo en caso de necesidad debemos recurrir a los puntos de recarga públicos.

No conozco a nadie que tenga un surtidor de gasolina en casa, pero sí conozco a mucha gente que tiene un enchufe convencional, suficiente para empezar a cargar un coche eléctrico

3. Tiempo de recarga

El tiempo de recarga, otro inconveniente, quizás antes de saber que los súper cargadores de Tesla cargan el 80% de la batería en 20 minutos, otorgando una autonomía de unos 400 kilómetros, una eternidad comparado con los diez minutos de media que tarda un coche de motor térmico. Pero Tesla regala la energía a sus clientes y creo que 10 minutos más a cambio de energía gratis merecen la pena…

Además, ¿sabían que un coche pasa el 90% de su vida parado? De la misma manera que mi viejo Nokia era recargado dos o tres veces por semana y mi teléfono actual una o dos veces al día, recargo mi coche eléctrico en la oficina mientras trabajo. La opción de recargarlo en casa, si se puede mientras dormimos, es más barata y ayuda a aplanar la curva de demanda del Sistema Eléctrico, que también es de agradecer.

4. Precio de adquisición

Su coste de adquisición es mayor, al igual que la mayoría del diésel vs gasolina. La industria del automóvil ha tardado 20 años de desarrollo del motor de inyección directa en hacer que los precios, a igualdad de prestaciones, sean similares. Sin embargo, los costes de mantenimiento, por la complejidad mecánica, siguen siendo mayores. La compensación está en el consumo de combustible.

En cuanto al ahorro de energía, el coche eléctrico suma, además, la simplicidad de un motor que tiene aproximadamente el 10% de las piezas de un motor térmico. Las ventajas son varias y entre ellas la economía de uso, la sencillez de mantenimiento, las facilidades de aparcamiento y, en el caso de Madrid, la libre circulación por el carril BUS VAO…

Por último, me pregunto si está permitido comprarse un coche eléctrico por capricho, atendiendo a motivaciones emocionales, como cuando compramos cualquier otro coche y es que, aunque algunos no lo crean, conducir un eléctrico es placentero…