El penúltimo episodio de la catarata de despropósitos en la que se ha convertido la no política energética de este país para frenar el desarrollo de las renovables es un fiel exponente de lo que ha sido todo este largo, absurdo y nefasto proceso. Efectivamente, la noticia de que los famosos informes que el Gobierno habría empleado para fijar los parámetros de la nueva retribución del otrora Régimen Especial eran posteriores a la aprobación de la norma confirma que la mentira, sí, la mentira, lo falso, el engaño, han sido la esencia de la ofensiva anti-renovable inspirada y demandada por las grandes compañías eléctricas y ejecutada por los sumisos gobiernos de turno.

Mentira es que el Gobierno deseara contar con unos criterios objetivos para “retribuir razonablemente” las inversiones de los promotores renovables al desaparecer las, injustamente, denostadas primas. Fue un engaño al conjunto de la sociedad que ahora el ministro Soria no puede desmentir porque, para su desgracia, ahí están grabadas sus declaraciones una y otra vez. Fueron muchas sus intervenciones aludiendo a los “informes de prestigiosas consultoras independientes” que garantizaban una objetividad y rigor en un fino trabajo de cirugía cuando ya se tenía decidido el hachazo salvaje para amputar sin contemplaciones todos los miembros al cuerpo del sector renovable para dejarle caer casi inerte.

Mentira era la excusa empleada para justificar la felonía llevada a cabo relacionando el déficit de tarifa con las primas a las renovables, argumento mil veces desmontado pero mil veces reiterado por los que veían en las renovables el fin de su oligopolio. Vincular las primas y el déficit facilitaba -por simplificación del problema- la labor de los responsables gubernamentales a la hora de abordar ese disparate de aplazar al futuro unos “costes reconocidos” (que no reales), dilación en el tiempo pactada en el año 2000 por el gobierno de aquel momento y las eléctricas y que hemos financiado los consumidores pagando unos desproporcionados intereses por esa deuda.

Mentira era relacionar déficit de tarifa con primas a las renovables, argumento mil veces desmontado pero mil veces reiterado por los que veían en las renovables el fin de su oligopolio

 

Mentira es el eslogan “las renovables son caras”, que han enarbolado durante estos últimos ocho años para dar cobertura a su política de desmantelamiento del sector de las energías limpias. Nadie ha desmentido nunca el informe que las asociaciones del sector han venido publicando este último decenio sobre los impactos macroeconómicos de la implantación de las renovables que se plasman en unos incontestables beneficios socioeconómicos en términos de empleo, tejido industrial, importaciones evitadas, reducción del precio del mercado y un largo etcétera que el Gobierno se empeña en ignorar, pese a la contundencia de los datos, porque le preocupa mucho más el rating de cinco empresas.

Mentira es que la reforma haya tratado de forma equitativa al sector convencional y al renovable, sino todo lo contrario. La generación convencional ha salido indemne de este aluvión normativo pese a las manifiestas disfunciones del sistema que benefician extraordinariamente a ciertas tecnologías como la nuclear y la gran hidráulica mientras se sigue subvencionando la quema de carbón y premiamos con unos injustificables “pagos por capacidad” el error de los 27.000 MW de centrales de gas de ciclo combinado y la distribución de electricidad apenas ha sufrido con la reforma. Todo ello ha permitido a las eléctricas mantener en estos últimos años los insólitos niveles de resultados cuyo margen duplica el de sus homólogas europeas.

La generación convencional ha salido indemne de este aluvión normativo pese a las manifiestas disfunciones del sistema que benefician extraordinariamente a ciertas tecnologías como la nuclear y la gran hidráulica

 

Mentira es que la reforma haya solucionado todos los problemas del sistema eléctrico español puesto que siguen ahí latentes como una bomba de relojería que acabará estallándonos en las manos; con un mercado que deja mucho, pero mucho, que desear para merecerse esa denominación; con el secuestro de la posibilidad de que los ciudadanos ejerzan el autoconsumo; con la ausencia clamorosa de políticas de ahorro y eficiencia; y con tantas y tantas ineficiencias por resolver que ningún gobierno se atreve a abordar con decisión.

Mentira es que, como afirma el ministro, baje la luz, falacia que ha quedado más que demostrada en los últimos artículos de este blog; mentira es que haya sensibilidad alguna con los retos que plantea el Cambio Climático con el que tanto tiene que ver nuestro modelo energético; mentira es… que exista una política energética.