CDP, antes conocida como Carbon Disclosure Project, es una ONG internacional muy especial, orientada a aumentar la transparencia y las buenas prácticas de las empresas en sus comportamientos ambientales. Todos los años remite un cuestionario a 5.000 de las mayores empresas cotizadas del planeta y les invita a que lo respondan, es decir, les reta a que se sometan a su metodología para que demuestren que saben cuánto contaminan y que actúan para limitar esa contaminación. Sus análisis abarcan desde las estrategias para actuar contra el cambio climático hasta las emisiones de CO2 y el consumo de energía.

En el caso de las emisiones de CO2, CDP, a raíz de las respuestas de las empresas, elabora dos índices, uno de transparencia –cómo de bien han sido capaces de responder a su cuestionario– y otro de comportamiento, que afecta a sus actuaciones para limitar el anhídrido carbónico. Normalmente, los que son más transparentes también ocupan posiciones elevadas en cuanto a su comportamiento, porque, al saber lo que hacen, saben cómo y dónde actuar.

Los informes de CDP tienen mucho peso en la comunidad financiera internacional. La ONG ha llegado a acuerdos de colaboración con fondos de inversión y otros grandes inversores institucionales, que toman sus datos como referencia a la hora de decidir en qué empresas depositan el capital que gestionan cuando ponderan criterios ambientales, algo cada vez más solicitado por los clientes.

En total, CDP ha llegado a acuerdos con más de 750 grandes firmas de inversión, que gestionan activos por valor de 92 billones españoles de dólares. No es raro que las empresas que cada año consiguen las máximas puntuaciones en sus indicadores aprovechen la ocasión para emitir una nota de prensa y sacar pecho ante el público en general. Incluso, empresas que no están cotizadas en las bolsas internacionales deciden someterse voluntariamente a la metodología de CDP por el prestigio que otorga sacar buena nota.

Incluso, empresas que no están cotizadas en las bolsas internacionales deciden someterse voluntariamente a la metodología de CDP por el prestigio que otorga sacar buena nota

Ahora bien, de las 5.000 empresas a las que se solicita información no responde ni la mitad. En este año sólo lo han hecho unas 2.000, y de éstas sólo 187 han obtenido las máximas puntuaciones en trasparencia y comportamiento: BMW, Centrica, Samsung, HSBC, Bayer, Kawasaki, Google… En España, que se analiza conjuntamente con Portugal, se solicita información a 125 empresas, de las que responden 51 y sólo 13 consiguen entrar en el selecto club de las 187 mejores: Abengoa, Acciona, Acerinox, Amadeus, Banco Espírito Santo, Banco de Santander, Bankia, CaixaBank, Ferrovial, Gas Natural Fenosa, Iberdrola, Sonae y Telefónica.

Cadena de sostenibilidades empresariales

Podría verse el vaso medio vacío y decir que la mayoría de las grandes empresas sigue sin preocuparse del medio ambiente, pero también podría verse medio lleno, y afirmar que casi la mitad de las grandes empresas sí se preocupa por el impacto de su actividad. A la luz del incremento de participación –el número de compañías aumenta año tras año–, y de la mejora de los indicadores de los participantes –la experiencia es un grado– esta segunda es la interpretación acertada: las compañías, cada vez más, se preocupan por reducir su impacto ambiental.

El asunto tiene una importancia que va más allá de la generación de buena imagen o de la clásica interpretación de su Responsabilidad Social Corporativa, desde el momento en que se trata, en todos los casos, de organizaciones gigantescas, cuya actividad se sustenta en una enorme red de proveedores de productos y servicios a los que, tarde o temprano, termina afectando su comportamiento.

En el caso concreto del CO2, el CDP exige información con los tres grados distintos de profundidad que se emplean internacionalmente para calcular la huella de carbono: alcances 1, 2 y 3.

✎ El Alcance 1 afecta a la actividad directa de las empresas y está íntimamente relacionado con el consumo de energía; simplificando, es lo que contamina la fábrica.

✎ El Alcance 2 va un paso más adelante y se refiere a las emisiones generadas indirectamente por la actividad de la empresa, por ejemplo, con los desplazamientos de los ejecutivos en viajes de trabajo; equivaldría a lo que se contamina fuera de la fábrica.

✎ Y el Alcance 3, mucho más ambicioso, afecta a los proveedores; no puede ser de otro modo, porque para saber lo que contamina un litro de cerveza también hay que contar el impacto de los cultivos de cebada y de las demás materias primas que sirven para elaborar la espumosa bebida.

Empresa y RSC, registro de huella de carbono para empresas

Hasta ahora la inmensa mayoría de las empresas se detiene en el Alcance 2, porque resulta muy complejo hacer los cálculos del Alcance 3, pero alguna ya se está embarcando en ello, como Acciona o Pascual; sólo es cuestión de tiempo que también lo hagan las demás.

Y hay casos que van incluso más allá, como el de Unilever, que exige a los agricultores que producen para ella que lo hagan de forma sostenible, de acuerdo con criterios objetivos en el consumo de agua, fertilizantes, pesticidas, etcétera, si quieren seguir vendiéndole las cosechas. Además, la multinacional les facilita ayudas a fondo perdido para que acometan la reconversión del negocio, que llegan hasta el 50% de la inversión necesaria.

Al final, este tipo de prácticas terminan formando cadenas de sostenibilidad empresarial, en todos los eslabones del ciclo de valor de bienes y servicios, que resultan beneficiosas para todos los participantes y para el medio ambiente.

Obligación legal de informar sobre sostenibilidad

El pasado mes de septiembre, la UE aprobó una nueva Directiva de publicación de información no financiera para empresas con más de 500 empleados, que incluye un apartado específico para el comportamiento ambiental. Afectará a 6.000 empresas y entrará en vigor en 2017, pero el mercado ya se mueve y los bufetes de abogados están recibiendo numerosas solicitudes de sus clientes sobre el efecto que tendrán las nuevas obligaciones de transparencia en las empresas incumbidas.

Este avance en la UE no es algo aislado: en China, ante el alarmante problema de la contaminación en las ciudades, más de 20.000 empresas tendrán que informar al Gobierno de sus emisiones contaminantes. En EE UU, la comunidad financiera está a la espera de que se concreten las promesas del presidente Obama en la materia. En España, sin ir más lejos, las empresas que quieran contratar con la Administración tendrán que estar inscritas en el Registro de Huella de Carbono –lo que obliga a calcular y reducir las emisiones de CO2–, de reciente creación.

Llegados a este punto, la conclusión es la siguiente: cada vez más empresas, de todos los ámbitos, se preocupan por sus emisiones y por su impacto sobre el medio ambiente en general. Aunque aún no se lo exija su cuenta de resultados, ya se lo exigen una parte creciente de sus inversores y una parte creciente de sus clientes, y se lo exigirá pronto la normativa. Además, no sólo les afecta a ellas; también al resto de actores de su órbita.

Llegados a este punto, la conclusión es la siguiente: cada vez más empresas, de todos los ámbitos, se preocupan por sus emisiones y por su impacto sobre el medio ambiente en general

El consumo de energía renovable es el sistema más fácil y rápido de reducir las emisiones de CO2 de una organización; además, no sólo puede evitar la exclusión de un mercado que cada vez se fija más en quién es limpio y quién es sucio, también puede facilitar nuevos clientes entre unas empresas cada vez más concienciadas con la sostenibilidad, cuyos clientes, a su vez, valoran muchísimo su buen comportamiento.

…Y si se es accionista de alguna de las empresas que no se interesan por el impacto ambiental de su actividad, convendría exigirlo en las juntas y en los canales habituales de interlocución.