El año 2013 se acabó mientras el Gobierno se empeñaba en dar la puntilla a un sector sobresaliente en el que los españoles íbamos por el mundo transmitiendo nuestro saber hacer. La excusa se repite desde el anterior Gobierno aunque este, si cabe, ha hecho un mayor esfuerzo por culpar a las renovables de todos los males de un sistema eléctrico cuya particularidad, el déficit de tarifa, se pretende eliminar haciendo que paguen justos por pecadores.

Windfall profits, CTC’s, costes de distribución opacos, son las verdaderas causas del agujero negro que supone el déficit de tarifa. Sin embargo, el Ministerio de Industria “ha comprado” el argumento de ciertas utilities –por cierto, con elevada presencia de capital extranjero– que responsabiliza exclusivamente a las renovables. Cada vez estoy más convencido de que los sesudos directivos de estas grandes empresas saben muy bien, desde hace tiempo, que las energías limpias son cada vez más competitivas, a medida que recorren su curva de aprendizaje; saben que son fáciles de instalar e inocuas para el entorno; pero, siempre hay un pero, tienen un “inconveniente” mayor –para ellos, obviamente– y es que estas energías limpias están al alcance de muchos más y eso no es bueno para mantener el privilegio que comporta ser miembro de un oligopolio.

Los sucesivos Gobiernos de España, en los últimos cinco años, han sido “colaboracionistas” del lobby dominante para alcanzar el propósito de paralizar el desarrollo del sector y de ahí sus movimientos. La chapuza que hemos visto nacer con el decreto de autoconsumo, es muestra de la poca voluntad de servir a los intereses del ciudadano por parte del Gobierno y de la mucha voluntad que han aplicado para asumir el modelo que más beneficia a las grandes eléctricas.

La batería de Reales Decretos Leyes que ha promulgado el Ministerio de Industria, con medidas camufladas en textos normativos tan alejados del sector como el de las empleadas de hogar incluidas, no han demostrado otra cosa que un empeño feroz por intervenir en sentido negativo el devenir de las energías limpias.

El tándem Nadal-Soria y los tumbos normativos

En febrero, el tándem Nadal-Soria (“Tanto monta, monta…) obligó a todas las renovables a vender su energía a tarifa dentro del pool eléctrico. Se les advirtió que la medida encarecería los costes del sistema. No sabemos por qué, pero en julio decidieron lo contrario, obligando a todas las tecnologías a ir a mercado. El asunto supone un incremento en los costes de 950 millones de euros. Casi nada. La tasa a la generación fue otro agravio a las renovables dado que el Régimen Ordinario trasladó su efecto a los consumidores para no ver alterada su rentabilidad.

Si solamente hacemos balance de lo que presenciamos en 2013, tenemos perspectiva suficiente para evidenciar la incapacidad del mencionado tándem para acabar con el manido déficit tarifario. En realidad no es sorprendente: primero, porque de la misma manera que nadie en su sano juicio haría el paseíllo en Las Ventas o se sentaría en el puesto de un comandante de un Airbus 340 sin haber adquirido la experiencia necesaria, nadie debería ponerse al frente de un ministerio tan importante sin distinguir previamente a un comercializador de un distribuidor. No se puede aprender a base de errores. Los experimentos, con gaseosa.

“Nadie en su sano juicio se sentaría en el puesto de un comandante de un Airbus 340 sin haber adquirido la experiencia necesaria, por tanto nadie debería ponerse al frente de un ministerio tan importante sin distinguir previamente a un comercializador de un distribuidor. Los experimentos, con gaseosa”

Diagnóstico equivocado: las renovables no son la causa del déficit de tarifa

En segundo lugar, no me sorprende que el déficit no se resuelva por más que se ataque a las renovables porque no son la causa del problema. Si el sistema eléctrico fuese un paciente enfermo y grave, terminaría falleciendo seguro porque en lugar de observar los síntomas y aplicar el tratamiento apropiado, los que nos gobiernan ignoran el diagnóstico y las evidencias para sentenciar que el enfermo padece una enfermedad rara. Una enfermedad que solamente se considera tal a tenor de la facilidad con la que las renovables se desarrollan en todo el mundo en países tan avanzados como EEUU o Japón, Alemania o Dinamarca, Francia, etc. Otros países menos favorecidos, también hacen su apuesta por la energía limpia y autóctona.

Vivimos una situación surrealista en la que la tormenta está dentro de casa mientras que fuera luce el sol. Alemania busca un objetivo para el 2035, más allá de los ambiciosos paneuropeos de 2020. El escenario en cuanto a la disponibilidad de energías fósiles no nos favorece, pues en pocos años veremos cómo únicamente las economías de mayor crecimiento, principalmente China y otras emergentes acapararán la demanda mundial. No será tanto cuestión de escasez, sino de encarecimiento de producto y por tanto, de reducción de competitividad. Una vez más, las fuentes autóctonas y libres de emisiones jugarán en Europa un papel clave. Nuestra riqueza energética está en el sol, el viento y en las otras fuentes renovables no en los combustibles fósiles o en la tecnología nuclear y, por tanto, tarde o temprano el sector retomará su importante papel.

“Vivimos una situación surrealista en la que la tormenta está dentro de casa mientras que fuera luce el sol”

Sólo queda preguntarnos qué pasará cuando las renovables queden exterminadas y ni bajen las tarifas eléctricas ni desaparezca el déficit de tarifa. Este 2014 no será mejor, pero nos queda el consuelo de que no hay gobierno ni político que cien años dure.

Artículo publicado en la versión papel de la revista Energías Renovables