Hace poco, en este mismo blog, hablamos de cuáles son los componentes del precio de nuestra factura de la luz y tratábamos un término de afecta enormemente al importe final, puesto que se cobra tanto por el término fijo de potencia, como por el término variable de consumo: el peaje.

Hasta el 1 de enero de 2015, con la recaudación de los peajes abonados por todos los consumidores, se pagaban retribuciones tan variopintas como las del transporte y distribución, primas a las renovables, sobrecostes para igualar los precios en los sistemas extrapeninsulares, anualidades del déficit de tarifa… y el servicio de interrumpibilidad. A partir del presente año, se ha eliminado éste último concepto del conjunto de los retribuidos con arreglo a los peajes; pero, ¿en qué afecta todo esto a los consumidores y, además, qué significado y justificación tiene el citado servicio?

Servicio de interrumpibilidad

El servicio de interrumpibilidad consiste en un sistema a partir del cual la gran industria se ofrece a reducir su consumo de energía en momentos muy excepcionales, de un gran exceso de demanda nacional o de una repentina y enorme pérdida de producción, para garantizar que el resto de consumidores puedan recibir la electricidad que necesitan. Dado que éste mecanismo implica que las citadas grandes industrias tengan que reducir o parar momentáneamente su proceso productivo, con su correspondiente coste, reciben una retribución determinada para justificar su esfuerzo.

Hasta ahora, el servicio de interrumpibilidad solo podía ser ofrecido por determinados consumidores a un precio regulado y definido. Para dotar de una mayor competitividad al servicio y economizar su coste, se ha creado un sistema de subastas gestionado por Red Eléctrica de España (REE), en el cual esta gran industria ofrece bloques de potencia interrumpible. Finalmente, tras realizar las asignaciones pertinentes en la subasta, REE puede optar por emplear esa potencia para reducir el consumo de los citados consumidores, según unos criterios técnico-económicos definidos.

Subvención encubierta

Realmente, el servicio de interrumpibilidad se trata de una subvención encubierta destinada a determinados grupos industriales, para dotarlos de una mayor competitividad e impedir la posible deslocalización que podría producirse en caso de que la factura eléctrica de estos clientes continuase en aumento (como para el resto de viviendas, locales y empresas, que carecen de este tipo de ayudas).

El servicio de interrumpibilidad se trata de una subvención encubierta destinada a determinados grupos industriales

Conviene recalcar que desde el año 2009 no ha sido necesario disponer del servicio de interrumpibilidad para garantizar el suministro de electricidad, dado que hay otras opciones más adecuadas para resolver los desequilibrios de generación y demanda, amén de la sobrecapacidad de producción existente así como de la caída del consumo nacional. En cambio, el coste anual del servicio se ha movido en el entorno de los 500 millones de euros… Casi nada por un sistema que no ha aportado, en tiempo, ningún beneficio al conjunto de la población.

Para mayor abundamiento, el nuevo sistema de subastas celebrado ha cerrado con un coste para el sistema eléctrico, en el año 2015, de 507 millones de euros; es decir, no ha conseguido obtener ningún ahorro, ya que pese a que en la puja celebrada el resultado final fue de 352 millones de euros, el gobierno convocó una segunda subasta extraordinaria sometiéndose a las presiones de determinadas empresas que amenazaban con despidos colectivos en sus fábricas, de no obtener una mayor retribución en concepto del servicio de interrumpibilidad, pese a que el resultado inicial fue perfectamente válido y consecuente con los requerimientos definidos en primera instancia.

Implicación en la factura de la luz

Como indicamos al principio del artículo, la retribución del servicio de interrumpibilidad era un coste que se abonaba con arreglo a la recaudación de los peajes que pagamos todos los consumidores; peajes que, no nos olvidemos, han sido congelados por el Gobierno en este año de elecciones (y que no se han olvidado de señalar). La situación real es que han eliminado uno de sus conceptos internos, para, a través de una Orden Ministerial (con tres revisiones y varias resoluciones BOE mediante), añadirlo como “coste de energía en mercado” a pagar por toda la demanda, es decir y de nuevo, por todos los consumidores.

La situación real es que han eliminado uno de sus conceptos internos, para añadirlo como “coste de energía en mercado” a pagar por toda la demanda, es decir y de nuevo, por todos los consumidores

El resultado, en resumen, es que si repartimos los 507 millones de euros correspondientes al 2015 entre la demanda nacional estimada para este año, obtenemos un coste de energía de más de 0,2 céntimos de euro por cada kWh de consumo (sin incluir ni pérdidas de transporte, ni impuestos), valor que nuestro comercializador tendrá que trasladarnos con la correspondiente subida regulada de precios y que será aproximadamente un 2% más del término variable de energía o, lo que es lo mismo, unos 10 € (impuestos incluidos) más al año de recibo de luz para un consumidor medio en su vivienda.

Ya sabes…  el Gobierno seguirá diciendo que si tu factura de la luz crece será por culpa del mercado, o de las renovables…  lo cual, ha quedado claro,  no es cierto.