Asegurar los ingresos del Sistema Eléctrico parece un objetivo prioritario tanto del Gobierno como de la Comisión Nacional de Mercados y de la Competencia (CNMC) e incluso de los tribunales cuando lo argumentan para no adoptar medidas cautelares contra la aplicación del RD 413/2014 y su desarrollo normativo.  El freno al autoconsumo que el Gobierno ha logrado imponer solo con hacer público un restrictivo y amenazante borrador de real decreto busca el mismo objetivo para asegurar los ingresos del Sistema.

Sin embargo, es una evidencia que a menor electricidad distribuida, menor ingreso de las distribuidoras, pero también menos carga de sus redes y por tanto… ¿Menor coste de operación y mantenimiento? Con el transporte de electricidad ocurre lo mismo. A menor energía transportada, menor ingreso pero menor coste también.

Paradójicamente el descenso de la demanda que hemos experimentado desde 2007, no ha reducido en proporción los costes de distribución y transporte, que no podían dejar de crecer para no minorar los ingresos de… ¿Adivinan quién? Imaginemos una autopista de peaje en la que al disminuir la cantidad de coches que circulan por ella, se aumentase el coste del peaje o que tuviéremos que pagar por ella independientemente de que la usásemos o no. Sí, podríamos ya que estamos llamarlas “radiales de Madrid”.

La diferencia entre ingresos, que desde el año 2001 no cubren los costes reconocidos –insisto “reconocidos”- del dichoso Sistema Eléctrico, es lo que llamamos “déficit de tarifa”. Costes que, por otro lado, son en su mayoría opacos, muy opacos. Se da, por otra parte, la paradoja de que los costes más señalados como culpables de todos del sistema -las primas a las renovables- son conocidos, son muy transparentes y podemos identificar hasta el último céntimo ingresado por tecnologías, años, instalación, etcétera.  Todo lo contrario, efectivamente, de lo que sucede con esos otros costes reconocidos pero sólo realmente conocidos por las empresas que los generan/soportan y por los que son remuneradas.

La diferencia entre ingresos, que desde el año 2001 no cubren los costes reconocidos –insisto “reconocidos”- del dichoso Sistema Eléctrico, es lo que llamamos “déficit de tarifa”. Costes que, por otro lado, son en su mayoría opacos

En el sector eléctrico las actividades están separadas -en teoría- entre transporte, generación, distribución y comercialización, pero si atendemos a la cuota de mercado de cada uno de los actores nos damos cuenta de que excepto en el transporte que monopoliza Red Eléctrica de España -a la sazón Operador del Sistema- son cinco empresas, las asociadas a UNESA las que concentran más del 90% de esas otras actividades “liberalizadas”.

 

“El Sistema somos nosotros”

 

Si a Luis XIV se le atribuye la frase de “El Estado soy yo”, en este caso podríamos atribuir a alguien la siguiente afirmación: “El Sistema somos nosotros”. Eso parece y los sucesivos gobiernos, a imagen de las monarquías absolutistas, habrían identificado Sistema con grandes operadores e interés general como interés de esos mismos.

Un espíritu liberal debería horrorizarse al ver que se regula e interviene un mercado tan vital como el eléctrico para favorecer a unos pocos o, lo que es lo mismo, para limitar la competencia y debería preguntarse por qué debemos mantener un estatus cuyo resultado ha sido un déficit de tarifa de cerca de 30.000 millones de Euros, una subida del 90% del recibo de la luz en los últimos años y una estructura de costes repartida de forma arbitraria en el recibo de la luz con una partida fija que supone el 60% de costes fijos y un 40% de coste variable con un potencial de ahorro para los consumidores más bien escaso y un lastre para la competitividad del tejido empresarial español.

Un espíritu liberal debería horrorizarse al ver que se regula e interviene un mercado tan vital como el eléctrico para favorecer a unos pocos o, lo que es lo mismo, para limitar la competencia

Mantener el Sistema Eléctrico tal y como lo conocemos hoy no parece eficiente. Su estructura debe modificarse para promocionar el autoconsumo, las renovables y la eficiencia. Esto no quiere decir eliminar otras fuentes, pero sí racionalizar su uso. Esta pretensión es estéril cuando la nueva Ley del Sector no ha cumplido un año y no se ha ocupado de retocar el Mercado Mayorista o la concentración del poder de mercado  en unos pocos actores. Lamentablemente el “Sistema” no son “los mercados” que se autoregulan en función de la oferta y la demanda. De hecho, en el Mercado Eléctrico español, la relación entre precio, oferta y demanda es algo misterioso, inescrutable.