Cuando se habla de la energía solar, la madre de todas las renovables, es un hecho que es inagotable a escala humana y que cuando se agote, todo lo demás importará poco. Mientras tanto, cabe preguntarse por qué debemos impulsar su desarrollo. En los países desarrollados e industrializados, la respuesta está clara. Además de otorgar independencia energética, de no contaminar y de fomentar la generación distribuida, la energía solar es óptima para el desarrollo del autoconsumo con balance neto, que básicamente consisten en que uno en casa pueda generar y consumir su propia energía y exportar a la red el excedente.

También podemos importar electricidad del sistema en caso necesario y así cubrir nuestra demanda. Huelga decir que esa energía importada, debería también proceder de fuentes renovables.

Sobre el papel o en el discurso, todo está claro. Sin embargo, el sistema tiene que adaptarse a este nuevo modelo en el que debe existir una masa crítica suficiente para permitir por ejemplo a los comercializadores adaptar sus sistemas a la nueva relación con los clientes. La voluntad por parte de casi todos los comercializadores está y lo que en nuestro caso no se ha dado, ha sido un incentivo por parte del regulador que muy al contrario, ha dificultado enormemente el desarrollo de las fórmulas de autoconsumo.

En los países en vía de desarrollo, con dificultades en el acceso a la energía y por descontado consumos bajos, la energía solar, en especial la fotovoltaica, es ideal para dar acceso a los habitantes de estos países a la electricidad y para mejorar su calidad de vida.

Como además el sol sale en todas partes, no se depende de Gobiernos o de multinacionales con poderosos lobbies para su implantación. No precisa de grandes redes de transporte y distribución y su tecnología es tan sencilla que queda al alcance de muchos. No se resuelve claro está el problema de su discontinuidad, pero dados los consumos que se demandan, la acumulación también es más sencilla en este tipo de instalaciones.

El desarrollo de la energía solar

¿Cómo hemos llegado a esto? El mérito se debe repartir entre aquellos gobernantes que han regulado correctamente para dar estabilidad y la empresa privada que arriesgando su capital, ha apostado por el desarrollo de la energía solar.

La fuerte implantación en países como España, Alemania, USA, Francia o Italia, ha permitido una reducción de costes que ha permitido que en este mundo globalizado, no solo los países más ricos se beneficien de dicha disminución, sino que también aquellos más pobres tengan acceso a la electricidad en lugares donde no tienen sentido o cabida grandes centrales de generación o redes de distribución.