La Comisión Europea acaba de presentar unas nuevas directrices para la política de fomento de las energías renovables en los estados miembro de la UE. Joaquín Almunia, poderoso Comisario de Competencia, considera que el sistema de tarifas –dar un pago fijo por la producción de la energía limpia, conocido como Feed-in Tariffs– debe sustituirse por otro en el que se añada una determinada cantidad al precio que marquen los mercados eléctricos –conocido como Feed-in Premium–, al objeto de ir integrando la producción renovable en la dinámica de las tecnologías de generación convencionales. Adicionalmente, la Comisión quiere establecer mecanismos competitivos, como las subastas, para la adjudicación de nueva potencia. Su idea es que se empiece a aplicar el año que viene y que sea el sistema general en 2017. En el sanedrín de Bruselas opinan, con acierto, que las tecnologías renovables han madurado muchísimo en la última década y que ya están en condiciones de empezar a competir con las tradicionales. La propuesta de Almunia viene un poco tarde para España. Aquí todas las fuentes renovables ya cobraban el Feed-in Premium –las famosas primas– desde el año 1998; sólo la fotovoltaica recibía una tarifa fija por su producción eléctrica. Y las subastas son el sistema que se aplicará cuando el Gobierno decida que ya es hora de seguir instalando energías limpias y dé fin a la moratoria que impuso hace ya dos largos años. Antes de que eso llegue, las empezará a aplicar en las islas Canarias y en Baleares. El mecanismo de subastas ha sido una demanda de algunos grandes promotores de instalaciones renovables, conscientes de que su tamaño les otorga una ventaja competitiva sobre la competencia con menos recursos y posibilidades de concurrir con éxito. Precisamente por eso, la Comisión considera que las tecnologías con poco desarrollo o de pequeño tamaño –seis MW para la eólica y un MW para otras, como la solar o la biomasa– pueden ser excluidas de las subastas. Incluso propone que instalaciones todavía más pequeñas –tres MW para la eólica y 550 kW para las demás– sigan recibiendo una tarifa fija.

¿Ayuda a las pequeñas? En España, no

En España el Gobierno no se plantea la introducción de esas excepciones para las instalaciones pequeñas, que facilitarán un desarrollo variado de las renovables y que son fundamentales para la generación distribuida, más eficiente que la generación centralizada convencional. Es más, el Gobierno les penaliza, descarada y descarnadamente, con el abusivo “peaje de respaldo” al autoconsumo, impidiendo la viabilidad económica de unas aplicaciones que, en el caso fotovoltaico –la tecnología por excelencia para el autoconsumo en España–, ya no necesitan ayuda de ninguna clase.

En España el Gobierno no se plantea la introducción de esas excepciones para las instalaciones pequeñas, que facilitarán un desarrollo variado de las renovables y que son fundamentales para la generación distribuida

Y en cuanto a la opción de Feed-in Tariff o Feed-in Premium, el Gobierno ya ha decidido que ni la una ni la otra: aquí tendremos un sistema de “retribución específica” basado en estándares de costes, único en el mundo, que pronto aprobará el Consejo de Ministros. Según el ministro Soria, otros países “lo están mirando”, pero no es capaz de decir cuáles: “aún no lo sé”, respondía vergonzosamente en una entrevista concedida al periódico Cinco Días el pasado mes de febrero. En España ya tenemos cierta experiencia con los sistemas de concurrencia aplicados a las renovables. En el caso eólico, los concursos realizados por las comunidades autónomas han servido para otorgar las licencias a agentes más o menos afines al Gobierno local de turno, gracias a los criterios establecidos para concursar. Las adjudicaciones, al final, han alimentado el escándalo y en no pocos casos han terminado en los tribunales, con gran notoriedad en los casos de Galicia y Canarias. También hubo un concurso especial para la energía solar termoeléctrica, creado ad hoc para una empresa norteamericana, Solar Reserve, tras la intermediación a su favor del embajador estadounidense, que fue conocida gracias a las filtraciones de WikiLeaks. Curiosamente, después de tanto esfuerzo diplomático para quedar bien con el Tío Sam, la empresa decidió que no le salían los números y canceló el proyecto.

Esperemos que ese no sea el futuro de las subastas de potencia renovable, ni en España ni en otros países. Y esperemos también que otro Gobierno –es impensable con el actual– comprenda que las subastas pueden ser buenas para grandes proyectos, pero inviables para pequeñas y medianas aplicaciones

Esperemos que ese no sea el futuro de las subastas de potencia renovable, ni en España ni en otros países. Y esperemos también que otro Gobierno –es impensable con el actual– comprenda que las subastas pueden ser buenas para grandes proyectos, pero inviables para pequeñas y medianas aplicaciones, básicas para avanzar en eso que se viene llamando “democratización de la energía”.