La verdad, no entiendo por qué se critica tanto al fracking. En serio –bueno, no tan en serio-, si sus defensores –entre ellos el Gobierno de España- que no ven más que ventajas en su implantación en nuestro país tuvieran solo una pequeña parte de razón cabría preguntarse cómo es posible que tantos estemos convencidos de que esto de extraer gas no convencional es, como anticipo en el título, pan para hoy y hambre para mañana.  Pero como de lo que se trata en este blog es de debatir y analizar vamos a repasar uno por uno los principales argumentos de los defensores de esta tecnología.

La independencia energética, un valor importante

La independencia energética es siempre una de las principales banderas que se levantan para justificar la necesidad de volcarse en la perforación de nuestro subsuelo, es sin duda la principal motivación de sus partidarios. Y estamos de acuerdo. Es muy positivo y conveniente que se reconozca que la dependencia de terceros países en este ámbito energético es negativa, muy negativa, para nuestra economía. Ahora bien, resulta paradójico que este argumento, que es también (lo ha sido, lo es y lo será) una ventaja de las renovables, se haya ignorado en tantas ocasiones, se haya despreciado cuando se enarbolaba en defensa de las energías limpias y se considere ahora esencial cuando se saca a relucir en el caso del fracking por la reducción de las importaciones de energía primaria. Insisto: el argumento es incontestable, debe ser un eje estratégico de la política energética de cualquier país, pero debe valer siempre.


Se me ocurre pensar también que, siendo como somos un país exportador (poco) de algo que previamente importamos (mucho) como es el gas convencional, los defensores del fracking piensan que rentabilizar las instalaciones e infraestructuras gasistas produciendo nuestro propio gas contribuiría a cumplir con ese objetivo de la independencia energética. Por cierto, también es curioso que en lugar de exportar renovables exportemos algo que hay que transformar aquí primero y que no tenemos.

En cualquier caso, si tenemos renovables, no parece inteligente renunciar a unas fuentes de energía limpias, inagotables, gratuitas y con escaso impacto medioambiental para abrazar a otras cuyo impacto en nuestro entorno es netamente superior. Digo esto porque en el fondo la defensa del fracking lo que busca es justificar el frenazo a las renovables que “ya no serían necesarias”.

¿Se reducirían nuestros costes energéticos?

Aquí pueden ocurrir dos cosas si sale adelante la apuesta por el gas no convencional. Por parte de la oferta podría suceder bien que aumenten los márgenes de aquellos que producen electricidad con gas como los ciclos combinados si es que finalmente los costes de extracción hacen competitiva esta opción. Esto sería lo más probable a la vista del funcionamiento del mercado eléctrico. La otra posibilidad es que realmente baje el precio del mercado mayorista. En este segundo caso mi escepticismo es grande dada la experiencia de funcionamiento de dicho mercado. Hemos visto como, por ejemplo,  una escasa demanda no siempre acarrea precios bajos de la energía. Además, los servicios de ajuste que proporcionan las centrales de gas, son excesivamente caros y con precios arbitrarios hoy y no veo por qué debían cambiar las cosas mañana.

Exportadores de gas

Ahora no me refiero al aspecto estratégico de la dependencia sino al económico. Otro de los ejes centrales de la defensa de esta tecnología es el ejemplo de EEUU que según sus partidarios podrá exportar gas ya que va camino de la independencia energética gracias al fracking. Dudo que lleguemos a ver esas exportaciones y aunque se ha levantado la prohibición de exportación de gas o petróleo que ley establecía hasta hace poco, en todo caso serán las economías más boyantes las que podrían permitirse comprar ese gas.

Además, entiendo que si la tecnología para extraer estos recursos ya existía y son las cotizaciones de la materia prima las que han permitido poner en marcha las explotaciones, una amenaza comercial importante a los productores tradicionales les puede hacer bajar el precio –lo que sí sería ventajoso a priori para los consumidores- y hacer mucho menos rentables las extracciones con el fracking.

La energía debe ser económicamente sostenible

La afirmación anterior es de Perogrullo, pero maliciosa. Efectivamente la energía debe ser económicamente sostenible como en toda actividad. Al hacer tal afirmación, ponemos por delante el criterio económico antes que el medioambiental, cuando debemos asumir que las actividades que nos son sostenibles medioambientalmente, no lo son económicamente. El truco aquí está en que para que algunas actividades sean “sostenibles en lo económico” deben ser otros bolsillos los que soporten los costes que esas actividades no asumen. Un ejemplo, será la gestión de las aguas residuales de los yacimientos de gas.

El truco aquí está en que para que algunas actividades sean “sostenibles en lo económico” deben ser otros bolsillos los que soporten los costes que esas actividades no asumen

Y, lamentablemente, es así como están funcionando las tecnologías convencionales: si el impacto medioambiental no se tiene en consideración es porque se están externalizando estos costes. Y esto es una trampa para la percepción que tiene la sociedad de los costes de unas y de otras tecnologías.

Y otras consideraciones

Vamos con otros aspectos que se ignoran; por ejemplo, el impacto visual. Un impacto discutible, pues es cuestión de gustos, pero si alguien ha criticado el impacto visual de las instalaciones de renovables alguna vez cabe esperar que lo haga con más fuerza con las de extracción de gas por el mero hecho de ser consecuente.

Otro tema es el de las controvertidas reservas de gas de esquisto, de arenas bituminosas o del propio petróleo convencional que serán más o menos escasas pero seguro que son finitas con el añadido de que está demostrado que cuanto mayor es su demanda mayor es su precio al contrario de lo que ocurre con las renovables.

Las reservas de gas de esquisto o del propio petróleo serán más o menos escasas pero seguro que son finitas con el añadido de que está demostrado que cuanto mayor es su demanda mayor es su precio al contrario de lo que ocurre con las renovables

La energía en nuestra economía es fundamental y debemos valorar si merece la pena consumir unos recursos que han tardado millones de años en formarse para contaminar en muy poco tiempo nuestro entorno en lugar de recurrir a las fuentes inagotables que todos conocemos sin esos impactos. Las reservas de gas estarán ahí siempre. No hagamos que se transformen en gases contaminantes si ya tenemos mejores formas de obtener electricidad. En definitiva ¿Debemos “fundirnos” todos nuestros recursos fósiles antes de volcarnos en el plan “B” de las renovables? Rotundamente NO.