En el Ejército del Aire me enseñaron que esto (“¡Gas! ¡Gas! ¡Gas!”) es lo que había que gritar cuando uno era consciente de que estaba siendo atacado con gas para enfundarse la protección llamada entonces NBQ, (nuclear, bacteriológico y químico). Me ha venido a la cabeza este recuerdo cuando he leído en un diario digital que la participación que Repsol ostenta en Gas Natural puede pasar a manos de la empresa estatal china Sinopec.

A continuación, siguiendo la asociación de ideas, me ha venido a la memoria el manido argumento tanto del anterior Gobierno como del actual que el impulso de la fotovoltaica en España ha servido para desarrollar el sector en China y para que esas empresas se hayan beneficiado con los costes de nuestro sistema. Esta ha sido una de las muchas razones utilizadas para demonizar la energía del sol. Este celo proteccionista no se acompañaba de un estímulo local porque el objetivo real era cargarse un sector llamado a contribuir al cambio de modelo energético. Se trataba de perjudicar a todos por igual; eso, al parecer, es muy democrático.

“Este celo proteccionista no se acompañaba de un estímulo local porque el objetivo real era cargarse un sector llamado a contribuir al cambio de modelo energético”

Pero volviendo al inicio de este post, resulta que los prejuicios contra los beneficios de las empresas chinas a costa del desarrollo fotovoltaico español no lo son tanto cuando estas se dedican a quemar gas en lugar de producir energía limpia. ¡Cómo cambia el cuento! Porque nadie del Gobierno de nuestra querida España se ha atrevido, hasta ahora, a poner trabas –más allá de tímidas objeciones oficiosas– a la transmisión de ese 30% de Gas Natural a la empresa del lejano Oriente.

Resulta que al defender a los operadores dominantes del mercado, se defiende a empresas de capital extranjero para perjudicar a un sector como el de las renovables con una herida, pero honrosa, industria autóctona, tan autóctona como la energía que generan. Yo no tengo nada que objetar a la operación bursátil, pero sí a que nuestros políticos asuman como suyos los argumentos de las grandes empresas eléctricas de este país para terminar después trabajando en ellas con los sueldos que no alcanzan a ganar en la Administración. Alguien mal intencionado podría pensar que los puestos de Ministro o de Secretario de Estado son trampolines hacia el paraíso de los Consejos de Administración.

“Alguien mal intencionado podría pensar que los puestos de Ministro o de Secretario de Estado son trampolines hacia el paraíso de los Consejos de Administración.”

El sector del gas está en pie de guerra contra las renovables. Se han quitado la careta del respeto al medioambiente por dos motivos. El primero es que siempre es mejor negocio quemar gas y generar energía a partir de Uranio 235 y externalizar los costes que producir energía limpia. El segundo es que el desarrollo de la tecnología limpia abarata su coste al recorrer su curva de aprendizaje y está al alcance de muchas más empresas y ciudadanos que quedan muy alejados del control de las utilities.

Cierto es que el gas es menos contaminante que el carbón, pero eso no lo hace sostenible cuando existen alternativas libres de emisiones como las renovables. Una vez más, está en manos de los ciudadanos decidir a quién queremos pagarle nuestra electricidad.