Estaba un amigo –Javier, para más señas– consultando la prensa por Internet y sonó el timbre de la puerta. “Buenos días, ¿es usted Javier?”, “Sí, dígame”. Un elegante traje, y un buen porte, le parecían al visitante credenciales suficientes para decir: “Quería hablarle de su tarifa de la luz. Usted está con Combustibles Naturales, ¿verdad?”. La pausa fue corta, propia del paso de un ángel diminuto. “¿Cómo?… ¿Quién es usted? ¿Qué quiere?”. “Verá, su compañía eléctrica le engaña y podría pagar menos por su recibo de la luz”, dijo, mientras extendía la palma de la mano, para crear confianza. “Un momento, un momento, –replicó Javier, alzando su mano hasta la altura del pecho y agitándola levemente, reclamando que le oyera–, ¿quién es usted? ¿Qué quiere? Si no me lo dice, no tenemos nada más que hablar”. “Mire usted, vengo en nombre de  Dehesa Eléctrica. ¿La conoce, verdad? Pues, como le decía, ¿sabe que Combustibles Naturales le engaña?”. “¿Que me engaña? ¡Ya lo sé! A ver, ¿cómo cree que me engaña, porque a mí se me ocurren unas cuantas maneras?”, afirmó Javier, entre intrigado y molesto por la irrupción del comercial en su plácida rutina matinal.  “Verá, su compañía le cobra más porque, como están en Barcelona y usted está en Madrid, el IVA se lo quedan ellos y, además, es más caro mandarle las facturas; su departamento tiene que contratar a más gente, y eso se lo cobran a usted”. Javier se rascó la barbilla. No sabía qué decir. Había leído algún artículo sobre la liberalización del mercado eléctrico y la guerra que por los clientes tienen la flor y nata de los valores del Ibex 35, pero no lo asociaba al impoluto sujeto que tenía delante, diciendo majaderías. Casi inconscientemente, mientras cerraba la puerta para volver a consultar la prensa por Internet, preguntó: “¿de qué empresa viene? ¿De Dehesa Eléctrica, decía?… Pues imagino que, si me tienen que emitir la factura desde Roma, será todavía más caro”.

Ventas a puerta fría: una anécdota muy real

La anécdota es real. Javier la contaba detrás de un plato de salmonetes y una copa de verdejo. Después, mirándome y señalándome con el tenedor, decía: “Los de Eléctrica del Fado se lo montan mucho mejor. Vinieron a verme dos veces. La primera vez, una morena, alta y con tacones –apretaba los labios y arqueaba las cejas, con gesto de pillo–, y la segunda vez…, la segunda vez vino una pedazo de rubia de mucho cuidado… Esos de Eléctrica del Fado se lo montan mejor”. Nos reímos, bebimos y prosiguió: “Otro que se decía de Dehesa Eléctrica vino otra vez y le atendió mi mujer. En esta ocasión nos ofrecía una rebaja en el precio del gas a cambio de contratar un seguro del hogar que era más caro que el que ya tenemos”. Le miré, le pregunté por la oferta de Eléctrica del Fado, y, alzando los hombros y recuperando el gesto de pillo, respondió: “Pues la verdad es que no lo sé, no me acuerdo, pero se lo montan mucho mejor que los de Dehesa Eléctrica”.

 1,6 millones de consumidores abandonaron la tarifa eléctrica regulada –la TUR, rebautizada como Precio Voluntario al Pequeño Consumidor–, el año pasado. Buena parte no eran conscientes de que lo hacían y ahora pagan más; algunos incluso, estaban acogidos al bono social, y ahora pagan muchísimo más

Nada menos que 1,6 millones de consumidores abandonaron la tarifa eléctrica regulada –la Tarifa de Último Recurso, rebautizada como Precio Voluntario al Pequeño Consumidor–, el año pasado. Buena parte no eran conscientes de que lo hacían y ahora pagan más; algunos incluso, estaban acogidos al bono social, y ahora pagan muchísimo más. Las organizaciones de consumidores, como la OCU y Facua, están denunciando los engaños.

Los hechos relatados son ciertos pero se han cambiado los nombres de las empresas