Cuando una empresa escoge a sus proveedores, lo hace dando prioridad a los criterios económicos. Cuando desempeña su política comercial permanece el criterio económico. ¿Era así hasta ahora? La respuesta es sí y no. Hoy ninguna empresa quiere proyectar una imagen poco respetuosa con el entorno, en el más amplio sentido de la palabra y, por tanto, todas hacemos en mayor o menor medida un esfuerzo por ser sostenibles.

La diferencia entre unas y otras viene determinada por la motivación. Puede ser por convencimiento o puede ser por lo que los ingleses denominan “green washing”, que no es otra cosa que aparentar ser verde para vender más. Vender más y fidelizar son objetivos legítimos de cualquier empresa pero no debemos olvidar que, cada vez más, la tendencia del mercado se dirige al consumo responsable.

Sostenibilidad como factor en la toma de decisiones

Las empresas, al igual que los particulares, entienden que se debe introducir la sostenibilidad como factor en la toma de decisiones. De este modo no solo buscamos el máximo beneficio o ahorro para nuestra cuenta de resultados o para nuestro bolsillo, sino que lo combinamos con la preocupación por el entorno. Al fin y al cabo, el empresario y sus empleados también se desenvuelven en el entorno del que se preocupan y por tanto carece de sentido despreciar su cuidado. Nos afecta a todos.

Esto nos lleva a pensar que, si la tendencia del mercado nos obliga o tomar conciencia sobre la sostenibilidad de las decisiones que tomamos, estos criterios dejarán en el futuro de ser reseñables para convertirse en estándar. Cada vez más los consumidores aprecian los esfuerzos que en este sentido hacen los proveedores de servicios y por tanto se fijan en los productos que escogen y es posible que ese cambio de tendencia termine castigando a quien no lo haga.

De manera que en lugar de hablar del “Green Premium” para aquellos productos o servicios que se distinguen por su mayor respeto por el medioambiente, acabemos hablando del “Brown Discount”. Dicho de otro modo, pasaremos de premiar a las empresas que realizan un mayor esfuerzo a castigar a aquellas que no se preocupen por ofrecer a sus clientes productos con un grado mínimo de sostenibilidad.

Pasaremos de premiar a las empresas que realizan un mayor esfuerzo a castigar a aquellas que no se preocupen por ofrecer a sus clientes productos con un grado mínimo de sostenibilidad

Esto se aplicará en sectores tan dispares como el de la alimentación donde conocemos cada vez mejor el origen y composición de los productos que consumimos, el de la automoción cuya preocupación por el medioambiente es loable –el coche eléctrico es un ejemplo- o el inmobiliario, donde el etiquetado energético de los edificios delata el mayor o menos interés de sus propietarios por la eficiencia y la sostenibilidad.

Mejores prácticas en el entorno de la RSC mejoran la percepción que proyectamos al mercado y por tanto incrementa las ventas. Si queremos obtener esta ventaja debemos asumir un pequeño esfuerzo que sin duda se verá recompensado. La contratación de energía verde es un buen principio.