Independientemente de la fuente de análisis u organismo internacional que se tenga en cuenta,  todas las proyecciones coinciden en que el futuro estará basado en las energías renovables como fuentes de energía primaria.

La consolidación de las energías renovables -ER- exige la adaptación paulatina del modelo de mercado energético para que tecnologías intensivas en capital y con unos costes variables muy bajos puedan asumir los retos de una economía energética en un mercado  liberalizado y abierto, incluyendo como derecho irrenunciable la garantía de acceso universal a la energía para todos.

La realidad de un mercado marginalista como el actual en el que, en la mayoría de casos, se trabaja a costes hundidos de inversión por parte de las grandes compañías de generación es contraria a la incorporación de unas tecnologías cuyo coste de generación está formado fundamentalmente por costes fijos.

Si analizamos la realidad del marco regulatorio en el que operan las ER para generación de electricidad podemos observar que la línea emprendida por parte del gobierno en la última legislatura ha estado dirigida precisamente a lo contrario, a convertir las plantas de generación con energías renovables en un activo financiero y no en un activo al que haya que exigir el máximo aprovechamiento de la energía primaria, la gestionabilidad del sistema y la máxima eficiencia.

Esta realidad choca con el esfuerzo de modernización que por ejemplo se alcanzó con el Real Decreto 436/2004 que en su día permitió llevar a la eólica al mercado, hito que ha conseguido no solo la minimización de los desvíos técnicos entre lo programado y la realidad, sino también el control de funcionamiento a través del centro de control del Operador del Sistema.

El Real Decreto Ley 9/2013 de 12 de julio, que regula la retribución de las ER y la propuesta de subastas anunciadas y el Real Decreto 947/2015 de 16 de octubre, por el que se establece convocatoria para el régimen retributivo específico, más con un criterio electoralista que por voluntad política de apostar por las Energías Renovables, de 500 MW eólicos y 200 MW de biomasa, pretenden convertir las inversiones renovables en activos financieros sin exigencia de eficiencia explicita como lo demuestra que las primas a la generación se hayan cambiado por primas a la inversión, independientemente de su funcionamiento al establecer unos límites mínimos muy por debajo de lo que debería ser exigible.

Pretenden convertir las inversiones renovables en activos financieros sin exigencia de eficiencia explicita como lo demuestra que las primas a la generación se hayan cambiado por primas a la inversión

Desde el gobierno, por desconocimiento o, peor aún, por interés de retrasar la llegada de las energías renovables, se está regulando el futuro en dirección contraria y en base a fomentar el mismo movimiento especulativo que ya existió mediante normativas que promueven procesos de inversión con muy alto apalancamiento al garantizar la rentabilidad sin considerar el funcionamiento.

Estamos creando productos idóneos para fondos de inversión en vez de crear y apostar por tecnologías que se adapten a las necesidades del consumidor. Prueba de ello es la aprobación del RD de autoconsumo, RD 900/2015, que no solo cercena el desarrollo de la práctica del futuro, por rentabilidad y por exigencia del consumidor de una necesaria gestión de la demanda, sino que cierra de nuevo la vía de apostar por la eficiencia y no por el producto de especulación cuya rentabilidad e idoneidad está basada en la generación cierta de caja, pase lo que pase, y en el ajuste continuo creciente del apalancamiento.

Estamos creando productos idóneos para fondos de inversión en vez de crear y apostar por tecnologías que se adapten a las necesidades del consumidor

Se necesita un cambio drástico en la configuración del mercado eléctrico actual para que las energías renovables entren y se consoliden con el papel que todo el mundo les asigna para el futuro. Si no  adaptamos las reglas del juego seguiremos teniendo un modelo energético desfasado y unas energías renovables que seguirán sin asumir el papel que les corresponde y el futuro les demanda. Esta labor no solo dependerá del nuevo gobierno sino también de un profundo cambio de profesionalización en la gestión de los activos del sector renovable.

Dice el refranero español que no hay más ciego que el que no quiere ver. Personalmente en este caso considero que no es un problema de falta de visión sino de haber cerrado los ojos.