De “Rodríguez” y saltando olas, de calor, claro, llego hoy a casa correo en mano, recién salidito del buzón. Todo facturas, como no podía ser de otra manera. Abro la puerta y enciendo el aire acondicionado ¡Este mes mi factura de la luz va a batir récords! Vaya calor. No suena ni el teléfono. Ni siquiera las compañías telefónicas llaman. Esto me da que pensar…

Nos pasamos la vida de operador en operador a cuenta del móvil y los SMSs. Pero ¿y la luz? Me temo lo peor. O las propias comercializadoras piensan que no tienen competencia o los consumidores no tenemos el valor de coger el toro por los cuernos y enfrentarnos a la factura eléctrica y comparar ofertas. Así que he decidido ponerme manos a la obra y entender el “asunto eléctrico”. Son las tres de la tarde.

Lo primero que me encuentro es que no es lo mismo discriminación horaria (DHA) que facturación horaria (PVPC). Vaya, a primera vista, cualquiera diría que parecen conceptos similares ¡Incluso sinónimos! Me han tirado para atrás -así, nada más empezar- todo mi bachillerato. Son las cuatro de la tarde.

Hora y media después de buceo “online” resulta que me entero de que en mi recibo de la luz hay una parte fija y otra variable. Esta última es justo la que tiene que ver con el consumo. Resulta que la parte fija se sube y se baja desde el Gobierno y, a veces, puede suponer hasta el 60 por ciento del precio final ¡Ahí me han dado y fuerte! Porque yo, hasta ahora, hacía a la familia andar casi a tientas y leer en la penumbra los meses que andábamos más apretados… Sin embargo, leo que bajar la potencia que tengo contratada puede reducir la cuantía de la parte fija. Pero no lo puedo hacer mensualmente, así que la flexibilidad a la hora de ahorrar es muy reducida. Son las cinco de la tarde.

¿Tarifas planas… o altiplanas?

¡Ah, bueno! He descubierto ahora algo interesante. Veo en el blog “Sólo Kilovatios Verdes”  que el BOE publica unos precios base a partir de los cuales las distintas comercializadoras tienen unos márgenes. Esto sí que puede ayudar a comparar ofertas. Sin embargo,  mis esperanzas dan al traste cuando caigo en la cuenta de que una cosa son los precios y otras las tarifas. Y aquí empieza el lío de nuevo, porque me topo con tarifas planas de electricidad. A priori no suena mal, pero la OCU dice (y con razón) que las tarifas planas que se ofertan no tienen nada que ver con las de telefonía móvil. No suelen incluir un consumo ilimitado y, al final, hay que pagar lo que se haya gastado de luz de más. Tarifas “altiplanas” de la luz las bautizan algunos.

Son las seis. La hora del té español -¿blanco o verde?-. Lo caliento decidida a cambiar de compañía que para eso llevo aquí sentada tres horas. El subidón de teína me espabila del bajón de tensión de los cuarenta grados. Pero ¿cómo no lo he visto antes? No se trata de volverme loca ¿DHA o PVPC? ¿Tarifa fija o plana? ¿Término de potencia o de energía? ¿Bajo la potencia o la subo? ¿Cuándo? Y es que… ni siquiera sé si tengo contador inteligente de esos.

Pero ya he tomado una decisión. Verde o no verde: esa es la cuestión. Como el té. Y yo elijo pasarme a la energía verde. A ver si así, por lo menos, alivio el calorcito este, que dicen que es del cambio climático (y, por supuesto, yo me lo creo) y que las energías renovables lo van a arreglar. ¡Vaya! Me entra un tweet de que van a bajar la luz y después de las elecciones la van a volver a subir. Está claro ¡A falta de billetes verdes, facturas verdes!