Artículo publicado en la revista Energética XXI

No es un juego de palabras sino algo mucho más serio que cobra cada día más fuerza en nuestra sociedad. El mundo se enfrenta a unos retos muy importantes entre los que cabe destacar el de conseguir  que nuestra actividad no condicione la disposición de recursos para generaciones futuras. Es lo que llamamos sostenibilidad. Organizaciones sociales vienen reclamando desde hace años que este sea un eje central de las políticas gubernamentales aunque no siempre –más bien, muy pocas veces- obtienen una respuesta satisfactoria. Por nuestra parte, entre los ciudadanos, crece la convicción de que este es un verdadero reto aunque no siempre nuestras actuaciones sean consecuentes con el grado de importancia que le damos a estos temas. El último Eurobarómetro que toma el pulso de la opinión de los ciudadanos de la Unión Europa revelaba que aumenta el número de los que consideran que los temas ambientales tienen tanta importancia como los económicos hasta llegar a un 59%. Pero ¿y las empresas?

Las empresas, que en tantos ámbitos están en la vanguardia de la innovación pero que en otros se quedan ancladas en el pasado, han dado sin duda pasos importantes pero no los suficientes para dar respuesta a los retos a los que hacía referencia. Cabe señalar que hasta ahora no han tenido una presión decisiva desde la sociedad para adecuar sus criterios de actuación a los parámetros que exige la sostenibilidad. Pero eso está cambiando. En el citado Eurobarómetro hasta un 93% de los europeos, por ejemplo, consideran que las grandes empresas contaminadoras deberían reparar el daño ambiental que han causado.

Efectivamente, en la medida que crece la concienciación social de problemas tan trascendentales como el cambio climático o la deforestación aumenta el nivel de exigencia sobre el comportamiento de nuestros proveedores. Hay mucho camino por recorrer pero las empresas deben ser conscientes que si hasta ahora algunos gestos en este sentido, enmarcados en políticas de responsabilidad social corporativa, podían suponer un plus en el reconocimiento de los clientes a su marca, es decir, tenían premio, a partir de ahora la ausencia de esos comportamientos sostenibles (hablamos de algo más que “gestos”) tendrá un castigo por parte de los consumidores.

La misma encuesta europea afirmaba que un 75% de los ciudadanos de la Unión Europea está dispuesto a pagar más por los productos respetuosos con el medio ambiente. Lo paradójico es que hay sectores en los que la elección de esos productos sostenibles son además más baratos que los convencionales. Es, por ejemplo, el caso del suministro de electricidad en el que las comercializadoras verdes, como es el caso de Gesternova (patrocinadora de este blog), ofrecen precios competitivos además de un producto que cumple con esa exigencia de compromiso con la garantía de suministrar exclusivamente kilovatios verdes, es decir, de origen cien por cien renovable.

Trampas a la sostenibilidad

En países como Alemania se ha avanzado enormemente en este sentido y ya un 21% de los puntos de suministro tienen contratos con empresas que suministra electricidad de origen renovable cuando hace cuatro años solo lo eran el 8%. Nuestro país está muy lejos de  esas magnitudes y además una buena parte de los contratos de electricidad verde lo ofrecen empresas que también comercializan kilovatios “sucios” lo que supone una trampa a esas ansiadas políticas de sostenibilidad.

En nuestro país una buena parte de los contratos de electricidad verde lo ofrecen empresas que también comercializan kilovatios “sucios” lo que supone una trampa a esas ansiadas políticas de sostenibilidad

El peso del oligopolio eléctrico, la inercia cultural en la relación de los consumidores con estas grandes empresas, la vigencia de falsos tópicos sobre las pegas de trabajar con comercializadoras independientes en nuestro país y un cierto desconocimiento de esta realidad han impedido hasta ahora que este terreno ciudadanos y empresas hayan dado masivamente el paso de ser coherentes con sus convicciones y preocupaciones en tema ambientales con la contratación de servicios esenciales como puede ser el contrato de la luz.

Primeros pasos: ahorro, eficiencia y energía verde

El uso de la energía verde ya es un criterio importante en los contratos con la Administración y pronto serán grandes empresas las que exigirán a sus proveedores que a su vez certifiquen el comportamiento de las compañías con las que trabajan. Pero lo más importante es que tu empresa tiene una responsabilidad con la sostenibilidad y que entre los primeros pasos  -el primero sin lugar a dudas debe ser el ahorro y la eficiencia- uno de ellos puede y debe ser la elección de un comercializador de energía cien por cien renovable, no solo supone un paso real en ese camino sino que además puede ser más económico. No hay excusas.