El último World Energy Outlook de la Agencia Internacional de la Energía (AIE) ha vuelto a poner de manifiesto que las subvenciones a las energías fósiles cuadruplican con creces las subvenciones que reciben las energías renovables en el mundo. El organismo internacional calcula que las primeras ascienden a 550.000 millones de dólares anuales, mientras que las segundas son 120.000 millones.

El dato, muy impactante, está en términos absolutos, sin tener en cuenta la cantidad de ayuda que reciben por unidad energética producida. Si lo analizásemos así, las renovables recibirían más ayudas que las convencionales. Ahora bien, ¿hasta qué punto es así? Y, si es así, ¿es lógico o no es lógico?

Las ayudas a las fuentes sucias suelen estar ocultas –así ocurre en España con los pagos por capacidad de las centrales térmicas y se remontan muy atrás en el tiempo; en muchas ocasiones, las infraestructuras energéticas fueron directamente acometidas por los estados sin atender a criterios de mercado, sino de abastecimiento y seguridad, socializando unos costes que hoy no podría soportar ninguna empresa privada, como ocurrió con la construcción de presas y pantanos durante el pasado siglo, que expropió tierras y desplazó a la población de los pueblos anegados.

Hoy en día, las fuentes sucias se siguen beneficiando de esa infraestructura, organizada según un modelo centralizado y vertical, que en no pocas ocasiones constituye una barrera de entrada para las fuentes limpias, como ocurre con el autoconsumo y la generación distribuida, o con la ausencia de estaciones de recarga para los vehículos eléctricos.

Otro ejemplo paradigmático es la nuclear, cuyo uso civil se inició para justificar el desarrollo militar en EE UU. Afortunadamente, sus enormes costes comienzan a no poder ocultarse –Reino Unido quiere construir un reactor que requiere unos 120 € por MWh para ser rentable, mucho más que la eólica o la fotovoltaica–, pero tiene otros muchos costes que no suelen computarse, si es que se pueden llegar a evaluar. La AIE acaba de incidir en uno de lo más interesante: en los próximos 25 años se retirarán de la circulación casi 200 reactores nucleares, ocasionando un coste superior a los 100.000 millones de dólares, esto es, más de 500 por central.

En los próximos 25 años se retirarán de la circulación casi 200 reactores nucleares, ocasionando un coste superior a los 100.000 millones de dólares, esto es, más de 500 por central

El organismo también avisa de que en ese mismo período el combustible nuclear usado se duplicará hasta superar las 700.000 toneladas y de que “hasta la fecha ningún país ha abierto una instalación de almacenamiento permanente para aislar los desechos más duraderos”, por lo que, obviamente, ni siquiera hay una estimación de lo que costaría durante miles de años. Como se preguntaba un amigo, “si los faraones hubieran tenido nucleares, ¿quién gestionaría hoy sus residuos?”.

Los costes externalizados

Y luego, claro está, hay que tener en cuenta los costes que se externalizan, como ocurre con las guerras provocadas por el acceso a los recursos, con las muertes y los costes sanitarios que ocasiona la contaminación, con las emisiones de carbono y el calentamiento global, o con los accidentes, ya sea que se hunde un petrolero, haya una fuga de crudo en el fondo del mar o reviente una central nuclear. ¿Cuánto cuesta eso de verdad? ¿Podemos calcularlo?

Dejando de lado el coste real de las distintas fuentes, y dando por buenos los cálculos oficiales, quedaría por responder la segunda pregunta: ¿es lógico que cobren más las renovables? La respuesta es que sí, porque la mayoría son tecnologías inmaduras que necesitan alcanzar economías de escala para abaratarse; todas las demás fuentes de energía han recibido ese apoyo en las fases iniciales de su desarrollo.

¿Y es superior o es inferior la ayuda que están recibiendo las renovables en relación con la que recibieron las demás? Pues es muy difícil responder a eso, pero algún estudio lo ha intentado. DBL Investors se preocupó en 2011 de analizar las ayudas públicas otorgadas a varias fuentes de energía durante sus primeros 15 años de vida en EE UU y resulta que la nuclear recibió 3.300 millones de dólares, el gas y el petróleo 1.800 millones y la eólica sólo 400 millones.

En resumidas cuentas, los costes y los beneficios de las fuentes de energía no se pueden calcular como el resto de los elementos económicos. Hacerlo es errar. Y, en cualquier caso, aun con las cuentas trucadas, como ahora, las renovables reciben menos ayudas que las convencionales.

En cualquier caso, aun con las cuentas trucadas, como ahora, las renovables reciben menos ayudas que las convencionales

Además, la AIE denuncia que las ayudas a los combustibles fósiles “están frenando la inversión en eficiencia energética y energías renovables” y pone ejemplos concretos: en Arabia Saudí, el gasto adicional en un vehículo el doble de eficiente que la media actual hoy se amortiza en 16 años gracias al menor consumo de gasolina, pero ese plazo se reduciría a sólo tres años si el combustible no estuviera subvencionado.