La consultora PwC publica periódicamente prospectivas sobre la situación de España en el año 2033 en campos tan variados como el trabajo –Trabajar en 2033–, las urbes –Ciudades y ciudadanos en 2033– o la internacionalización –España ‘goes global’–, y recientemente ha dado a conocer una sobre el comportamiento que debe tener el país ante el calentamiento global: El cambio climático en España, 2033: hacia una economía baja en carbono.

En el análisis, que incluye recomendaciones para la Administración y para el sector privado, PwC apuesta con rotundidad por las energías renovables como herramienta principal para conseguir esa economía baja en carbono. En España, el 80% de las emisiones anuales de CO2, unos 300 millones de toneladas, se origina en el procesado de la energía, y la única forma de reducir esas cifras es con generación verde.

PwC apuesta con rotundidad por las energías renovables como herramienta principal para conseguir esa economía baja en carbono

 

Como todos los países del globo, España debe contribuir a que el planeta no se caliente más de 2º C al final del presente siglo. A partir de ese umbral, los científicos auguran efectos muy graves por culpa de los fenómenos extremos –sequías, huracanes– y del daño que sufrirán sectores como la agricultura, la pesca o el turismo. Mucho nos jugamos, porque en los escenarios futuros que se barajan, el Mediterráneo será una de las regiones más afectadas por el calentamiento.

España tiene una intensidad de carbono –la cantidad de CO2 emitido por unidad de PIB– similar a la de los países de la UE, líder indiscutible en esfuerzo por combatir el cambio climático. En la actualidad, la economía global reduce su intensidad de carbono a un ritmo del 1,2% anual, y para alcanzar el objetivo de los 2º C debería hacerlo a un ritmo del 6,2% anual. De seguir como hasta ahora, la temperatura global subirá 4º C, el doble del nivel de alarma.

Las emisiones de CO2 han crecido en España un 29% entre 1990 y 2012 y deben crecer mucho menos en el futuro si queremos seguir la tendencia marcada por los científicos. La senda que sigamos depende de lo que decida el Gobierno en materia energética. Si se aplicasen las medidas actualmente aprobadas, como las incluidas en el Plan de Energías Renovables 2011-2020 o en el Plan de Acción Nacional de Eficiencia Energética 2014-2020, la potencia renovable aumentaría hasta los 84 GW, pero las emisiones todavía crecerían demasiado: entre un 4% y un 16%.

 

Entonces, ¿cómo mantener a raya las emisiones?

Para que las emisiones se encauzaran, el Gobierno debería plantear medidas adicionales a las ya aprobadas, con más tecnología, más ahorro y eficiencia, un cambio de hábitos de la población… Y más renovables: la potencia verde instalada debería crecer hasta los 108 GW, con lo que podría cubrir el 52% de la demanda eléctrica del país, incrementada notablemente, tanto por el propio crecimiento de la economía –alrededor de un 2% anual–, como por el mayor uso de la electricidad, sobre todo en el transporte. Si se diera ese caso, sí estaríamos en la senda trazada, porque se reduciría el CO2 emitido entre un 7% y un 17%.

¿Cómo sería el resto del mix de generación? Pues básicamente gas. La consultora no contempla la prorrogación de la esperanza de vida de las centrales nucleares y espera que se cierren en las fechas previstas; la última, la de Trillo, en 2024.

La consultora no contempla la prorrogación de la esperanza de vida de las centrales nucleares y espera que se cierren en las fechas previstas

 

¿Se conseguirá? Probablemente no, porque ya arrastramos un importante retraso en la ejecución de las medidas que están aprobadas, pero nunca está de más que se insista en lo que hay que hacer y que se recuerde el perjuicio de no hacerlo: en la UE, el coste mínimo de la inacción rondará los 100.000 millones de euros anuales para 2020 y de 250.000 millones anuales para 2050; en el plano global, el coste de adaptación al escenario de una subida de sólo 2º C es mucho más bajo: entre 56.000 y 81.000 millones de euros anuales entre 2010 y 2050.