Sí, es más caro depender del gas que promocionar las energías renovables. Así de contundente hay que hacer tal afirmación. Una aseveración que no es subjetiva puesto que viene respaldada con argumentos incontestables. Contra la ofensiva de algunas compañías eléctricas, que pretenden “nadar y guardar la ropa” invirtiendo en renovables “donde nadie les ve” para mortificarlas en sus mercados nacionales, corresponde argumentar con cifras y con hechos.

Nuestra dependencia energética, de las mayores de Europa, ha supuesto en los últimos cinco años una media en torno cada año a los 50.000 millones de € de coste en importación de energía primaria. Una cantidad similar a los ingresos por turismo extranjero lo que supone un tremendo lastre para nuestra economía.

Los países de cuyo petróleo, gas o carbón dependemos -sin olvidar el uranio que hace años que dejó de extraerse en Salamanca- no son los más democráticos ni los más estables. Hace casi un lustro que el conflicto ente Rusia y Ucrania por los litigios sobre los peajes ucranianos al gas ruso dejaron a media Europa literalmente congelada. ¿Alguien puede cuantificar el daño?En nuestro país, las renovables expulsan al gas más caro de la subasta eléctrica, lo que significa un ahorro en el pool de entre 3.000 y 4.000 millones de euros al año. No es ni mucho menos una cantidad despreciable.

El cambio climático y la contaminación

En cuestión de emisiones, nadie con dos dedos de frente se atreverá a dudar de la indiscutible ventaja de las renovables frente al gas. El IPCC en su último informe, otorga una probabilidad muy alta al origen antropológico del cambio climático y las emisiones contaminantes no sólo tienen efectos a largo plazo en el clima: 15.000 personas fallecen anualmente en España por enfermedades relacionadas con la contaminación. Tanto el cambio climático como la contaminación generan un impacto económico que las tecnologías como el gas externalizan.

A medida que las renovables recorren su curva de aprendizaje, disminuyen su coste de explotación, al contrario que las instalaciones de gas cuya materia prima fluctúa, está sujeta a especulación y es escasa y finita. Parece que la amenaza sobre las fuentes de energía de combustibles fósiles está muy presente para las compañías obsoletas que no asumen que su ciclo, el del gas, quedará en pocos años exclusivamente como refuerzo de las fuentes de generación limpias y autóctonas.

La galopante dependencia energética de Europa

La dependencia energética es una debilidad que en Europa no podemos permitir por más tiempo. Menos consumo y más racionalidad en el mismo también deben ser la prioridad. Los únicos que ganan con la generación de gas son los países productores y los propietarios de las centrales de gas, pero ningún beneficio se traslada a la sociedad. Esa es la cuestión.