¿Por qué en España no existe una fiscalidad eficaz en el ámbito energético y medioambiental? ¿Por qué todos los gobiernos hablan del tema pero no acaban de legislar adecuadamente en esa línea? Evidentemente la respuesta a estas preguntas es muy compleja y tiene muchas aproximaciones que condicionan la misma pero en el Foro SKV (1) dedicado a  “La fiscalidad y la energía”, con la participación de una decena de expertos del sector (2), sí se llegó al menos a una conclusión: una fiscalidad eficaz en este ámbito debería llegar a España por imposición de las normativas europeas. Sin embargo, como se puso de manifiesto en el debate, esta fiscalidad ha estado tratando de llegar mucho tiempo y no lo ha conseguido (véase, por ejemplo, la propuesta de directiva de armonización fiscal) y aunque parece que no hay muchas posibilidades sería deseable que algún gobierno de este país se atreva a abordarla a fondo.

Representantes del mundo universitario, empresarial, social e institucional concluyeron en efecto, que ningún gobierno en este país se ha atrevido hasta ahora a avanzar decididamente, ni parece que vaya a hacerlo en un futuro próximo, en esta materia que sin embargo es una de las herramientas fundamentales en política económica una vez cedidas las monetarias a la Europa del Euro. “No existen problemas conceptuales sobre la oportunidad y beneficios de esta fiscalidad pero sí muchos problemas prácticos a la hora de implantarla” señalaba uno de los participantes.

Para introducir el debate se citó ampliamente el estudio “Impuestos energético-ambientales en España“, elaborado por Economics for Energy, en el que se afirma que “España presenta una situación relativamente anómala en relación con los países de su entorno, con una imposición energético-ambiental por debajo de la media. Esto es especialmente evidente en el caso de los carburantes de automoción y se trata de un comportamiento persistente desde comienzos de los años noventa”. Este trabajo planteaba  cuatro posibilidades para abordar este tema:

➤ aumento de la fiscalidad energética en línea con la propuesta de directiva de fiscalidad energética europea;

➤ nuevo impuesto sobre las emisiones de óxidos de nitrógeno y azufre;

➤ aplicación de un impuesto sobre el carbono que afectase a los sectores difusos;

➤ reparto del coste de promoción de las tecnologías renovables mediante impuestos de diferente alcance sectorial: conjunto del sector energético o productivo.

En el último caso no se aumentaría la carga fiscal, sólo se desplazaría. En los otros casos el aumento de carga fiscal se compensaría con reducciones en las cotizaciones sociales, según el citado estudio.

Este planteamiento fue compartido mayoritariamente, aunque no unánimemente, y se coincidió con los autores del trabajo en que no tendría por qué tener ningún efecto macroeconómico negativo aunque sí lógicamente en algunos sectores como el carbón, gas y derivados del petróleo (al buscarse precisamente reducir el uso de combustibles fósiles). En este sentido, se destacó que con el planteamiento de gravar emisiones y sacar los apoyos a la renovables de la tarifa eléctrica para convertirlos en un impuesto a otros usos energéticos se podría conseguir un efecto distributivo puesto que la electricidad supone un esfuerzo económico muy importante para las rentas más bajas, impacto que se reduce en los tramos superiores de rentas mientras que en el consumo de combustibles fósiles ligados al transporte fundamentalmente el impacto es más constante en los tramos superiores de renta.

Principales impedimentos

Sobre las razones que han impedido hasta ahora gravar más las emisiones de CO2 o de óxidos de nitrógeno y azufre o traspasar antes las primas de las renovables al consumo de petróleo o  gas se señalaron como factores esenciales la resistencia del propio sector petrolero y gasista y, sobre todo, del sector transporte que ya ha demostrado su “capacidad de influencia” cuando los distintos gobiernos han tratado de introducir cambios que le afecten directamente. Uno de los participantes apuntó que paradójicamente el sector ha padecido aumentos muy importantes en el coste de los carburantes pero solo reaccionan de forma contundente cuando hay la visibilidad de una medida concreta.

Alguno de los intervinientes señaló que no necesariamente debe buscarse como única medida para reducir las emisiones una fiscalidad gravosa para los combustibles fósiles sino que podría buscarse la disminución de dichas emisiones con un esfuerzo en I+D y añadió que existe ya una importante carga fiscal energética que llega hasta la vigencia de cánones para el agua embalsada. También se apuntó que la fiscalidad de la energía es muy compleja al incorporarse los criterios medioambientales y que cualquier iniciativa en este ámbito tiene una enorme dificultad para ser negociada o pactada por la gran cantidad de interlocutores del sector energético. Asimismo se planteó que cualquier reforma fiscal debería aplicarse “trazando una línea para respetar lo que ya está en funcionamiento” y, por tanto, afectar solo a las nuevas instalaciones o actividades, propuesta que no fue compartida mayoritariamente.

La fiscalidad energética en España tendrá que esperar una armonización europea vinculante (o el milagro de que un gobierno español se atreva) para ser una realidad en un nuestro marco normativo

 

En conclusión, la fiscalidad energética en España tendrá que esperar una armonización europea vinculante (o el milagro de que un gobierno español se atreva) para ser una realidad en un nuestro marco normativo y convertirse en herramienta esencial de los cambios que nuestra dependencia del exterior y los retos ambientales reclaman para nuestro modelo energético.

[1] SKV son las siglas del nombre del blog de Gesternova “SoloKilovatiosVerdes
[2] Las opiniones vertidas en este resumen del debate no comprometen a ninguno de los participantes en el mismo sino que son responsabilidad de Solokilovatiosverdes como interpretación de lo manifestado en el transcurso de la reunión.  Asistieron, entre otros, Pedro Linares, Rafael Gómez Elvira, Pedro Rivero, Santiago Gómez Ramos, David Lázaro, José María González Vélez, Jorge González Cortés y Sergio de Otto.