El patio de las empresas con fuerte presencia en el mercado solar está revuelto. Abengoa en España y Sun Edison en EEUU son dos claros ejemplos de esas turbulencias. Pero, ¿tiene su situación qué ver con la tecnología fotovoltaica o termosolar? Según los datos que se han publicado últimamente, la Unión Europea ha alcanzado los 100 GW de potencia instalada (de la que, por cierto, menos de un 5% está en la soleada España). En el resto del mundo, en Estados Unidos y en Asia principalmente, la situación es bastante positiva y “se progresa adecuadamente”.

El crecimiento no controlado y la deuda adquirida parecen ser, grosso modo, las causas de las dificultades de esas emblemáticas empresas y de otras menos conocidas. Pero no son en realidad estas causas las que me motivan a escribir este artículo. Me llama más la atención el análisis que algunos periodistas o foreros de periódicos digitales hacen sobre lo sucedido.

El comentario más recurrente es que la energía solar recibe subvenciones y que este hecho en sí es lo que hace insostenible la actividad de estas empresas. Parece como si los subsidios a las tecnologías de generación se hubiesen inventado con las renovables olvidando que las tecnologías fósiles reciben todavía hoy en día cinco veces más ayudas que las renovables en todo el mundo. Esta situación se da actualmente con una penetración de renovables formidable y mayor de lo que nunca hemos presenciado desde la revolución industrial.

Las tecnologías fósiles reciben todavía hoy en día cinco veces más ayudas que las renovables en todo el mundo.

Si calculásemos las ayudas, subvenciones, subsidios y externalidades de la energía producida con combustibles fósiles o de la tecnología nuclear e hiciésemos balance hasta alcanzar la misma cifra para las energías renovables el resultado sería cuanto menos mareante. La propia Unión Europea está concebida históricamente desde la unión del acero, el carbón y la energía atómica por lo que es evidente el enorme apoyo que éstas han recibido históricamente. Para estos “expertos” parece además que empresas de otros sectores no pasan por dificultades en un entorno de crisis como el que llevamos viviendo desde hace casi una década.

El argumento que relaciona el apoyo a las energías renovables por parte de los diferentes gobiernos con las dificultades de algunas empresas del sector no es sostenible desde la lógica. Está claro que si hubiese una relación causa efecto, las empresas de sectores de extracción del carbón, gas, petróleo etc. –que, por cierto, suelen ser de tamaños descomunales– no hubiesen sobrevivido a lo largo de tantas décadas.

Debemos entender que la forma en la que necesitamos dotarnos de energía debe ser sostenible tanto desde el punto de vista medioambiental como desde el punto de vista económico. No me canso de repetir que lo que no es sostenible desde el punto de vista medioambiental, no lo es desde el punto de vista económico puesto que no es justo que sea un tercero el que asuma nuestras externalidades. Esto no pasa con las renovables que internalizan todos los costes y además bajan su coste de generación conforme van recorriendo su curva de aprendizaje.

Debemos entender que la forma en la que necesitamos dotarnos de energía debe ser sostenible tanto desde el punto de vista medioambiental como desde el punto de vista económico.

Me pregunto cuál será el argumento que utilizarán los detractores de las energías limpias el día que éstas sean competitivas en los mercados mayoristas con el resto de tecnologías convencionales. Su participación en los servicios de ajuste es otro argumento a favor de la penetración de las renovables, porque sus ventajas medioambientales, no las discute hoy nadie.

No existe, insisto, burbuja fotovoltaica ni burbuja termosolar. Los cambios regulatorios pueden influir en la buena marcha de las empresas, pero no sólo eso. La evidencia está en que gigantes como Nokia, Pescanova o Kodak, han atravesado dificultades o incluso han desaparecido y sus sectores no dependían de ayudas, subsidios o sistemas de feed in tariff. Las empresas de fracking que han atravesado dificultades en Estados Unidos,  son la antítesis de la generación limpia de las renovables y unas cuantas han desaparecido por no poder competir.