Las naciones tienen que actuar coordinadamente para prevenir un cambio climático que ya ha comenzado y que lleva camino de causar daños incalculables a las propiedades, a la seguridad alimentaria y energética mundiales y, a la larga, a millones de personas y a la propia civilización humana.

En el último siglo, la Tierra se ha calentado casi un grado centígrado. Eso ha modificado el clima, el régimen de precipitaciones y el equilibrio ecosistémico y alimentario que de ellos dependen. La intensificación de huracanes, sequías, inundaciones, lluvias torrenciales y nevadas sin precedentes la vemos todos los días, en todas las televisiones. Y cada vez más.

¿Puede haber una componente de variabilidad natural? Posiblemente, pero la práctica totalidad de la comunidad científica mundial coincide en afirmar que la causa es humana: La acumulación de gases como el dióxido de carbono, el metano y otros, que atrapan parte del calor que abandona la Tierra, modificando su balance energético. La Tierra, que sigue recibiendo el mismo calor del Sol, no puede sino calentarse un poco, para recuperar ese balance.

La urgencia la marca el nivel de 450 partes por millón (ppm) de CO2 en la atmósfera, que la ONU y la comunidad científica han establecido como el nivel que no hay que rebasar si queremos tener una razonable probabilidad de el calentamiento global no exceda los 2ºC. Desgraciadamente, ya hemos superado las 400 ppm y esta concentración está subiendo a razón de 3 ppm cada año.

Pues bien, si está ocurriendo y conocemos el origen, corrijamos la causa. Reduzcamos las emisiones de esos gases de las actividades humanas que las causan (Electricidad, Calefacción, Transporte, Industria, Agricultura, Bosques y Residuos).

Fácil decirlo, pero muy difícil hacerlo. Sobre todo, por los intereses billonarios de los países y empresas que dependen de los hidrocarburos. Y por otras mil razones que no caben aquí.

Algunas energías renovables (eólica y solar) ya son más competitivas que las energías convencionales más baratas

Afortunadamente, el mundo cuenta con las soluciones, tenemos la tecnología para iniciar el proceso, las herramientas legislativas y el liderazgo mundial para intentarlo: algunas energías renovables (eólica y solar) ya son más competitivas que las energías convencionales más baratas (carbón, nuclear y gas). Solo necesitan un par de décadas para sustituir ordenadamente las infraestructuras energéticas fósiles y descarbonizar la electricidad, la calefacción, el transporte… Obviamente, el proceso será largo. Y será necesaria la aparición de nuevas tecnologías para erradicar las emisiones en sectores como la industria, la agricultura o la gestión forestal. Pero ya tenemos la tecnología para empezar.

La Cumbre de París, con motivo de la COP21, podría conseguir un Acuerdo Internacional vinculante para poner precio a las emisiones de gases. La solución “Cargo al Carbono con Devolución” (“Carbon Fee & Dividend)” parece la más adecuada. Un Acuerdo de los 196 países de la ONU parece inalcanzable pero tampoco es necesario. Para empezar, bastaría con un Acuerdo entre China, EEUU y la UE, los tres más contaminantes, al que se adherirían los demás países de manera paulatina.

Un Acuerdo de los 196 países de la ONU parece inalcanzable pero tampoco es necesario. Para empezar, bastaría con un acuerdo entre China, EEUU y la UE, los tres más contaminantes, al que se adherirían los demás países de manera paulatina

No menos importante, tenemos dos líderes mundiales que podrían conseguirlo: el Presidente Obama está decidido a poner todo su poder y prestigio para conseguir un acuerdo que proteja el clima de nuestros hijos y nietos. El Papa Francisco, ya lo ha hecho con su Encíclica “Laudato Si” y lo ha intentado de nuevo hace un par de semanas, con sendas comparecencias en las Cámaras Legislativas de los EEUU y en la Asamblea Anual de la ONU, ante los 200 jefes de Estado. Ese liderazgo está acompañado por la posición de la Unión Europea y China, lo que permite ser optimistas para que se logre un Acuerdo Internacional Significativo en la Cumbre por el Clima de París, que tendrá lugar el próximo Diciembre.

Esto es solo el comienzo. Pero hay que empezar ya.