Todas las tecnologías de generación tienen un coste distinto. Y no es el que refleja nuestro recibo de la luz. Éste nos muestra un compendio de costes fijos, como el coste de las redes, más el precio resultante de la competición puntual entre las distintas fuentes –las que cubren la demanda eléctrica en un momento concreto– en función del mercado y de la regulación existente. En España, si llueve y hay viento, ese precio será más bajo que si hace falta quemar carbón para que la vida siga con normalidad.

El precio del recibo, por lo tanto, no refleja el coste real que tiene producir un kWh con cada una de las tecnologías durante toda su vida útil, sino sólo en un momento puntual, y en función de variables ajenas al proceso físico de generación de electricidad.

El precio del recibo de la luz no refleja el coste real que tiene producir un kWh con cada una de las tecnologías durante toda su vida útil

Para poder comparar el coste real de la electricidad fabricada con distintas tecnologías se utiliza el concepto de Coste Nivelado de la Electricidad, conocido como LCOE, sigla de su expresión inglesa, Levelized Cost of Electricity. El LCOE tiene en cuenta el coste medio de generación durante toda la vida útil de la máquina que convierte en energía útil –electricidad– la energía potencial de un recurso natural, como el viento o el carbón.

El LCOE está muy influido por el coste de abastecimiento del recurso natural que explota cada tecnología concreta –por ejemplo, extraer el carbón o el gas del subsuelo y transportarlo hasta la central– lo que le aporta un elevado grado de incertidumbre a largo plazo. Sin embargo, en aquellas tecnologías renovables que aprovechan un recurso gratuito, como la eólica o la fotovoltaica, el LCOE es relativamente fijo, ya que los otros costes que influyen en el concepto, como los de mantenimiento de los equipos, no experimentan oscilaciones importantes.

De este modo, gracias al LCOE se puede saber el coste medio que tendrá un kWh eólico o fotovoltaico en función del monto de la inversión inicial y de la cantidad de viento o de la irradiación que tenga el emplazamiento donde se vaya a instalar el aerogenerador o el panel solar. Eso sí, su rentabilidad dependerá también de otros factores, como el coste de la electricidad generado con otras fuentes, el modelo de mercado eléctrico, la presión fiscal, la inflación…

 Gracias al LCOE se puede saber el coste medio que tendrá un kWh eólico o fotovoltaico en función del monto de la inversión inicial y de la cantidad de viento o de la irradiación que tenga el emplazamiento donde se vaya a instalar el aerogenerador o el panel solar.

Generación distribuida y autoconsumo

La cosa se complica un poco más cuando aplicamos el concepto LCOE a la generación distribuida –pequeñas instalaciones diseminadas y conectadas a las redes de baja tensión– y a la producción de la propia energía, esto es, al autoconsumo. Aunque hay otras tecnologías apropiadas para la generación distribuida, como la cogeneración o la minieólica, la fotovoltaica es la fuente distribuida por excelencia.

En el caso de la generación distribuida, el LCOE de cada tecnología se compara con el precio minorista de la electricidad, es decir, con el precio final que pagamos todos los consumidores, con independencia del precio establecido por el mercado mayorista. Así, una instalación fotovoltaica destinada al autoconsumo es rentable en un punto de la red si su energía es más barata que la energía suministrada por la red en ese mismo punto. En estos casos se afirma que se ha superado la “paridad de red”, el punto de indiferencia entre el coste del autoconsumo y el coste de la energía de la red de distribución.

Naturalmente, en esa comparación es fundamental el precio que tenga que pagar el autoconsumidor por cada  kWh que le suministre la red convencionalmente. Y este precio suele variar, por ejemplo, en función de la potencia que tenga contratada. Por consiguiente, en el ámbito de la generación distribuida se suelen establecer tres segmentos de mercado distintos: residencial, comercial y pequeña industria. En cada uno de ellos, el LCOE de la instalación es el mismo, pero el precio contra el que compite para obtener rentabilidad es diferente.

No es infrecuente que una instalación fotovoltaica de autoconsumo, en un mismo emplazamiento, pueda ser rentable para un particular y no serlo para un comercio, porque el primero suele pagar un precio mayor que el segundo por cada kWh. Así ocurre en México; el autoconsumo es rentable para algunos consumidores domésticos, pero no para los comercios todavía.

Grid Parity Monitor

Eclareon, una consultora especializada en energías renovables, particularmente en las solares, acaba de publicar la tercera entrega de Grid Parity Monitor, un proyecto que analiza el alcance de la rentabilidad fotovoltaica en régimen de autoconsumo en varios países europeos y latinoamericanos.

Si las dos entregas anteriores del proyecto se centraban en el mercado residencial, esta tercera, patrocinada por Gesternova y titulada Grid Parity Monitor Commercial Sector analiza el alcance de la rentabilidad fotovoltaica en régimen de autoconsumo en el segmento comercial en siete países: España, Alemania, Italia, Francia, Chile, Brasil y México.

La principal enseñanza del documento, aparte de las particularidades de cada mercado –desde el envidiable desarrollo en Alemania hasta la paupérrima situación española– es la necesidad de establecer medidas regulatorias que reconozcan el valor de la generación distribuida y el autoconsumo, que no necesariamente tienen que ser de tipo económico. Viendo lo que está sucediendo en España, con la aplicación del llamado “peaje de respaldo”, diríase que lo único que hace falta es que la regulación no altere irracionalmente la rentabilidad de la tecnología.

Viendo lo que está sucediendo en España, con la aplicación del llamado “peaje de respaldo”, diríase que lo único que hace falta es que la regulación no altere irracionalmente la rentabilidad de la tecnología.

Grid Parity Monitor es un proyecto muy valioso para conocer la evolución de la fotovoltaica en los mercados de la generación distribuida y el autoconsumo, así como los cambios regulatorios que se producen cuando se está alcanzando la paridad de red.