Pensando como consumidor, el futuro energético debería estar basado en la electricidad. La razón que avala este pensamiento está en la factibilidad de su utilización en relación con las necesidades energéticas a cubrir.

Pensando desde la responsabilidad medioambiental, también la electricidad debería ser el vector energético elegido porque en su consumo las emisiones de Gases de Efecto Invernadero (GEI) son inexistentes.

Pensando como ingeniero, preocupado por la implantación de los sistemas eficientes, la electricidad, en todas sus aplicaciones, es mucho más eficiente que cualquier otro proceso basado en combustibles fósiles. Si analizamos aplicaciones básicas como son la climatización y el transporte podemos asegurar que:

  • Los sistemas de calefacción basados en la bomba de calor consumen la cuarta parte de la energía que la mejor caldera de gas, incorporando la posibilidad de aportar adicionalmente aire acondicionado.
  • En cuanto al transporte, que supone dos terceras partes del consumo de energía en España, un kilómetro recorrido con un vehículo eléctrico consume menos de la mitad de energía que un vehículo diésel y además no emitimos ni CO2 ni NOx.

Pensando cómo puedo reducir la dependencia energética o las emisiones por el uso de combustibles fósiles, también debería estar tranquilo apostando por la electricidad porque la puedo generar mediante energías renovables de forma más competitiva que con otras fuentes y además disponemos de recursos suficientes para cubrir con creces todas nuestras necesidades. Es decir, que también puedo generar la energía eléctrica con fuentes de energía limpias y autóctonas.

Pensando cómo puedo reducir la dependencia energética o las emisiones por el uso de combustibles fósiles, también debería estar tranquilo apostando por la electricidad porque la puedo generar mediante energías renovables de forma más competitiva que con otras fuentes

Pensando cómo puedo tener la posibilidad de elegir de forma independiente la cobertura de mis necesidades energéticas y no depender del sistema tradicional, también podría generar mi propia electricidad y mantenerme conectado a la red de suministro para garantizar eficiencia y fiabilidad, mediante la instalación de un sistema fotovoltaico. Esta práctica, denominada autoconsumo, está regulada y apoyada en todo el mundo salvo en España.

Si todo está a favor de fomentar el uso de la electricidad… ¿POR QUÉ NO?

La pregunta es obvia, si todo está a favor de fomentar el uso de la electricidad, ¿por qué ésta solamente supone un 24% de la cobertura de las necesidades energéticas de España? Lo insólito de la situación es que no es difícil responder cuales son las razones por las que la electricidad no es la energía más utilizada:

  • La primera es el mayor precio de la electricidad respecto de otras fuentes de energía para el consumidor final. Provocada porque la composición de la tarifa incluye partidas que no se corresponden con el suministro sino con el apoyo de actuaciones en política territorial, industrial, fiscal que nada tienen que ver con el consumidor eléctrico (superando el 40% de la misma).
  • La segunda es la ausencia de una política de incentivación al cambio de modelo energético hacia uno más eficiente. No hay desarrollo de políticas económicas, administrativas y, sobre todo, fiscales que apoyen prácticas como la sustitución del equipamiento ineficiente, la introducción del vehículo eléctrico… y graven el consumo de combustibles que no tenemos, que contaminan y, además, son una práctica ineficiente.
  • La tercera, aunque parezca insólita, es que el sector eléctrico ha estado más ocupado en una pelea institucional por disponer de una regulación que controlara la entrada de las renovables y la presencia de los consumidores en la generación de electricidad propia que por promover su consumo, a pesar de ser el mejor producto energético.

Situación que en resumen viene a demostrar el proteccionismo que ha existido para fomentar el uso de los combustibles fósiles por parte de la mayoría de los gobiernos frente al desarrollo de políticas energéticas basadas en la eficiencia y en el fomento de las energías renovables cuyo desarrollo está directamente relacionado con el fomento de la electricidad.

Que la electricidad y su generación con energías renovables es el futuro no lo niega nadie, pero quizás este grado de certidumbre es el que paradójicamente ha desincentivado trabajar en su desarrollo, pensando que éste llegará a producirse sin que tengamos que hacer nada.