¿Y esto de las renovables?, ¿esto de los kilovatios verdes?, ¿es un capricho, es una moda? Pues no, obviamente la respuesta es que ni es una moda ni mucho menos es un capricho. Son muchas, importantes y contundentes las razones para apostar por la electricidad verde y aquí te las vamos a exponer de forma directa y diáfana.

 

Energías limpias o sucias, esa es la cuestión

En principio todos asociamos la energía verde con el respeto al medioambiente algo que, desde luego, responde a la realidad y, aunque hay muchos más argumentos, podemos empezar por ahí.

Toda actividad humana tiene un impacto, las renovables también. Lo que ocurre es que si comparamos los daños que causa al medio ambiente el proceso de extracción, transporte y uso de los combustibles fósiles o los riesgos de las centrales nucleares y el problema de los residuos con los inconvenientes que pueden tener los parques eólicos, las instalaciones fotovoltaicas o las centrales de biomasa estamos hablando de diferencias abismales.

No hay que abundar más en este argumento: o energías sucias responsables del cambio climático o energías limpias con un impacto mínimo en nuestro entorno.

Recursos finitos o recursos renovables

La ventaja intrínseca de las tecnologías limpias es su carácter renovable, es decir que la naturaleza está produciendo esas fuentes constantemente. Muchos de los recursos de nuestro planeta, especialmente los energéticos convencionales (carbón, gas y petróleo), que pueden tener otros usos más nobles, son finitos y por tanto debemos entender que, aunque hoy sean relativamente abundantes, debemos racionalizar su uso. Por el contrario, los recursos renovables son inagotables. El sol nos envía cada día cientos de veces la energía que necesitaríamos todos los habitantes del planeta con los estándares actuales de consumo del mundo occidental. Por tanto tenemos una energías que se van a agotar y otras que son inagotables.

Volatilidad o estabilidad de costes

Y una razón de peso para un directivo empresarial como tú: la volatilidad del precio de las energías convencionales frente a la estabilidad del precio de las renovables. En el primero de los casos el precio lo marcan los países productores, la especulación, las tensiones internacionales, etc.

En el caso de las renovables el coste más importante es la inversión inicial que conocemos de antemano, luego los costes de explotación son muy bajos puesto que el recurso lo regala la naturaleza.

Y algo muy importante: unas, las energías convencionales, cuanto más se usan más caras son mientras las otras, las energías renovables, cuanto más se usan menos caras resultan.

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Evolución del precio de los paneles solares. Fuente: Bloomberg Energy News Finance

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Evolución del precio del petróleo. Fuente: Bloomberg Energy News Finance

 Las primas: la mejor inversión para el país

Uno de los temas más controvertidos sobre las energías renovables ha sido, y es todavía hoy, el importe y la razón de las primas a las energías renovables. Casi siempre se hace referencia solo al monto anual que suponen, es decir “el debe”, pero casi nunca se habla de los retornos socioeconómicos que las renovables conllevan, lo que sería “el haber”. Anualmente, la Asociación de Productores de Energías Renovables (APPA) presenta un informe, “Estudio del Impacto Macroeconómico de las Energías Renovables en España”, que deja demostrado de forma elocuente que las primas, que ahora han sido sustituidas por una controvertidas ayudas a la inversión, siempre han supuesto un excelente inversión para el país.

En este gráfico queda de manifiesto lo que supone el importe de las primas por un lado y por otro lo que aportan en ahorro de importaciones combustibles fósiles, emisiones evitadas de gases de efecto invernadero, creación de empleo, aportación al PIB, bajada del precio del pool, inversión en I+D+i, etc.

Puedes leer un resumen del informe aquí.

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Fuente: Estudio del Impacto Macro-económico de las Energías Renovables en España de APPA

Energía: ¿para pocos o para todos?

Otra razón importante para justificar la apuesta por las renovables es que, por la sencillez de su tecnología, están a disposición de todos: países ricos y pobres, sin importar su situación geográfica.

Esta última virtud de las renovables, la de estar disponible para todos y en todas partes es y será una de las claves de su desarrollo.

Seguro que eres sensible a este argumento: hoy, en el mundo, entre 1.500 y 2.000 millones de personas no tienen acceso a la electricidad. Solo las renovables facilitarán el acceso a la energía a todos esos habitantes de nuestro planeta que tienen el mismo derecho que nosotros a disfrutarla.

En países en desarrollo, no sería racional tender redes caras de mantener y de construir, sin olvidar que muchas veces la orografía del terreno impide hacer llegar la energía a núcleos rurales o de montaña.

Generación centralizada o distribuida

Podemos resaltar otra cualidad de las renovables enlazando con las virtudes anteriores, la generación distribuida. Es importante para abaratar los costes de los sistemas eléctricos tender redes eficientes, con pocas pérdidas y sostenibles.

distribuida

 

¿Dependencia o independencia energética?

Las energías limpias incrementan la independencia energética de los países, mejoran su balanza comercial y los libera de la influencia política y económica de países generalmente inestables con recursos convencionales. Las renovables son más accesibles a las empresas nacionales, reducen nuestra dependencia del gas y del petróleo mientras que las instalaciones convencionales están en manos de grandes corporaciones multinacionales. Es decir, las renovables garantizan más el suministro que las tecnologías que dependen de terceros países.

¿Hacemos ricos a otros países o creamos riqueza aquí?

Las ventajas que hemos enumerado hasta ahora (sociales, económicas…) y otras muchas que podíamos citar pueden resumirse en la respuesta que demos a la pregunta que da título a este último epígrafe. ¿Nos dedicamos a hacer ricos a otros países o lo hacemos nosotros con nuestros recursos? ¿Tiene sentido protestar por el coste de las renovables y no hacerlo por el coste del gas, el carbón o el petróleo? ¿Acaso son gratuitas las energías convencionales?

El cambio climático: ¿lo combatimos?

El Panel Intergubernamental para el Cambio Climático (IPCC en sus siglas en inglés) en su último informe asegura con un 95% de probabilidad que el ser humano es el causante del conocido “efecto invernadero” que altera nuestro clima, acarreando consecuencias medioambientales y económicas. Nuestra actividad actual es generadora de Gases de Efecto Invernadero (GEI) y la energía es la primera causa.

¿Actuamos en consecuencia? Las emisiones son cuantificables en la generación eléctrica, podemos medir cuando CO2 se emite en función de la tecnología de generación. En el caso de la energía de una comercializadora que solo suministra a sus clientes kilovatios verdes, como es el caso de Gesternova, el impacto es nulo.