Hace unas semanas publicaba en El Economista un artículo en cuyo titular reclamaba la vuelta del Ministro de Industria del segundo gobierno Zapatero, Miguel Sebastián. Los que conocen mi trayectoria y pensamiento saben que hasta ahora había considerado al anterior Gobierno, sobre todo entre 2008 y 2011, “el peor desde 1980 para las renovables”.

¿Cómo es posible entonces que me atreva ahora a reclamar el regreso del ministro que inició la operación de acoso y derribo de las renovables? Pues porque, más allá de la ironía, concluía muy en serio que “entre los hermanos Nadal y el Sr. Soria han logrado, no sé si con mucho entrenamiento o de forma natural, arrebatar el dudoso honor de haber acabado con las renovables al Gobierno anterior.”

“Entre los hermanos Nadal y el Sr. Soria han logrado, no sé si con mucho entrenamiento o de forma natural, arrebatar el dudoso honor de haber acabado con las renovables al Gobierno anterior”

Efectivamente, en este ámbito el despropósito ha llegado más lejos de lo que nunca pudimos pensar no solo por la actuación y las declaraciones de los hermanos Nadal y del ministro Soria, que en algún caso si no fueran por la gravedad del tema serían motivo de hilaridad, sino porque han desmantelado, siguiendo la estela de Sebastián pero a un ritmo vertiginoso, un edificio en el que la UCD puso la primera piedra con la ley 82/1980 de Conservación de la Energía que permitió el inicio de la actividad de los productores independientes de electricidad, edificio que luego los gobiernos de Felipe González y de José María Aznar coincidieron en consolidar.

Una etapa fundamental de este proceso en el que cada ejecutivo, fuera del color que fuera, iba mejorando el marco normativo fue la Ley 54/97 del Sector Eléctrico, verdadero catalizador del éxito de las renovables en España y que colocó a nuestro país en un papel de liderazgo mundial, como pocas actividades industriales han sido capaces de situarnos.

Fue una mayoría del PP y CIU, con el voto favorable del resto de partidos para lo que atañe a las renovables, la que dio el visto bueno a esa ley aunque ahora el actual Secretario de Estado de Energía, Sr. Nadal, “culpe” a los socialistas del desarrollo de las renovables. Como escribía en el citado artículo:

“Escuchándole hace días en una jornada de la fundación FAES, dudaba yo si al decir las cosas que decía nos estaba mintiendo o, lo que es peor aún: se cree lo que dice”

El problema es que la fobia antirenovable lleva a este gobierno a rozar el ridículo en materia energética y cuando no se empeña en prorrogar la vida de la central nuclear de Garoña, pese al escaso interés de sus titulares en mantenerla abierta, inducen al presidente del Gobierno en su viaje a Japón a apuntarse a la más que dudosa gloria de ser el primer mandatario extranjero en visitar Fukushima. Eso sí, a 60 Km. de la central nuclear no vaya a ser que no sea tan “infundado” el temor de los miles de ciudadanos japoneses que han tenido que abandonar sus casas. Al día siguiente hubo otro vertido,  debido a ¡fuertes lluvias imprevistas! Manda h….que diría Federico Trillo. A ver quién iba a ser capaz de prever lluvias fuertes y que no rebosaran los depósitos. Total, solo había estroncio 90 que es uno de los elementos de las centrales nucleares que mas favorecen el cáncer.

Después del bochorno que nos produjo que el entusiasmo nuclear de Rajoy coincidiera con nuevas fugas radiactivas, con nuevos problemas en la seguridad de la hermana gemela de Garoña, el día a día de la política energética (es un decir) sigue marcado por declaraciones en las que tan pronto se anuncia un déficit de tarifa de 3.000 millones de euros como que se comunica su desaparición para fin de año o se vuelve a justificar el ataque a las renovables como causantes de todos los males del sistema. Pues sí, hay bastantes argumentos para pedir que vuelva Sebastián. ¡Quién nos lo iba a decir!