Todos hemos visto publicados anuncios de las grandes comercializadoras en los que intentan hacernos partícipes de su implicación con el medio ambiente. Se trata de una publicidad engañosa de quien supuestamente apuesta por el desarrollo sostenible ya que la realidad dista mucho de esa idea; el único fin de esas campañas es la captación de clientes que con buena voluntad, pretenden ayudar a mejorar el mundo con su granito de arena.

Es un hecho que hoy por hoy la conciencia social nos obliga a mirar más allá de los beneficios económicos y juntos debemos aunar esfuerzos para cambiar la manera en que obtenemos energía. Es ese el motivo por el cual resulta tan indignante que empresas que alardean de “buena conciencia” tengan que ser denunciadas por organizaciones ecologistas, como Greenpeace, por ejemplo por destruir la Patagonia o que otras que presumen mediante publicidad agresiva de “impulsar y construir un futuro mejor”, son sancionadas por el Ministerio de Industria, Turismo y Comercio, debido a la liberación de partículas radiactivas en una de sus centrales nucleares (la de Ascó en Tarragona, por ejemplo).

Seguirán invirtiendo en donde más ganan, sectores antagónicos al renovable

Otras de las grandes “abanderadas” de esa supuesta conciencia verde, solo vierte a la red un 14,99% de energía renovable, siendo el otro 85,01% proveniente de fuentes convencionales, principalmente combustibles fósiles (gas, petróleo y carbón). Es decir, que aunque nos invadan con mucha publicidad (dudosa) y aunque se sirvan de grandes del deporte para dar credibilidad a su “proyecto”, seguirán invirtiendo más, donde más ganan, es decir, en sectores antagónicos al renovable.

Que no nos tomen el pelo a todos aquellos que sí queremos un porvenir mejor, en el que poco a poco, consigamos que efectivamente, toda la energía que consumamos, resulte única y exclusivamente de fuentes renovables (solar, eólica, hidráulica…). Teniendo en cuenta, que el invertir en este sector, es una fuente inagotable de generación de puestos de trabajo (algo que en la situación actual, es más que necesario), que, indirectamente, se produce un aumento del producto interior bruto y por último, se ayuda a bajar el precio de la energía. Por todas estas razones, es imprescindible impulsar (verdaderamente), la energía de origen verde. Pues eso, ¡qué no nos tomen el pelo!