En un reciente artículo que titulaba de forma optimista “Renovables, vamos ganando” manifestaba con rotundidad que “un futuro prácticamente 100% renovable  es posible” y añadía que “es posible y deseable”. Ponía, en ese caso, el énfasis en señalar los problemas y gravísimos inconvenientes de las tecnologías convencionales cuyo papel futuro reduzco exclusivamente a casos de emergencia y solo para las centrales más recientes. Sí, las renovables pueden perfectamente suministrar prácticamente el 100% de la energía porque tienen una serie de virtudes que encajan con las necesidades actuales, pero, eso sí, requieren una serie de condicionamientos que obligan a un cambio decidido y rotundo de la política energética.

¿Qué tecnologías renovables tendrán más desarrollo? No seré yo quien ponga a competir unas renovables con otras. Todas serán necesarias y complementarias. La eólica con sus molinos cada vez de más potencia y capaces de generar con vientos más bajos. La minieólica, si denominamos así a los generadores de hasta 100 kW, serán muy útiles para el autoconsumo y la generación distribuida. La minihidráulica, si de una vez la liberamos de prejuicios y hacemos caso de los estudios científicos que la señalan como la más limpia y eficiente de todas en un análisis de ciclo de vida, tiene su papel si se hacen las cosas bien. La biomasa, bien gestionada y sin que compita con otros usos más nobles, será capaz de regular y dar garantía de potencia. La solar termoeléctrica que cumple también con esos requisitos. Los biocarburantes, que deberán utilizarse en motores híbridos de los vehículos. La geotermia de alta entalpía, capaz de regular también y aportar garantía de potencia y la geotermia de baja entalpía que ahorra donde se produce el mayor consumo de electricidad en el sector doméstico como  es la climatización.

La mareomotriz y la energía de las olas: el mar es el mayor almacén de energía que conocemos, pero el problema es concentrar esa energía en un instrumento mecánico, capaz de transmitir esa energía a un alternador para generar electricidad, aunque creo que llegará antes que la energía de fusión.

He dejado para el final a la fotovoltaica. A mi juicio es la de mayor potencial de desarrollo. Solo aumentando unos pocos puntos porcentuales su eficiencia, el incremento de energía será considerable.

La fotovoltaica, a mi juicio es la de mayor potencial de desarrollo. Solo aumentando unos pocos puntos porcentuales su eficiencia, el incremento de energía será considerable y es la más modulable pues puede ser de unos pocos vatios o instalaciones que superen la potencia incluso de alguna nuclear

Ya son importantes e innumerables las ventajas que aporta esta tecnología. Es la más modulable pues puede ser de unos pocos vatios o instalaciones que superen la potencia incluso de alguna nuclear. Es sencilla en su operación lo que permite gestionarla fácilmente. Es la solución al suministro de energía en poblaciones del tercer mundo, ya que hace innecesario el tendido de grandes redes y permite el desarrollo en sus fases primarias por parte de los habitantes de estos países. El abaratamiento de la fotovoltaica es un instrumento suficiente para concebir la descarbonización total del sistema eléctrico.

Como señalaba también en el citado artículo “si se hubieran dedicado los inmensos recursos para investigar y desarrollar la energía nuclear y/o fósiles, quizá, quizá no, seguro que las renovables hubieran recorrido su curva de aprendizaje mucho antes y nadie en su sano juicio se atrevería a afirmar que son caras. Quien afirma su carestía hoy miente conscientemente.”

El único inconveniente —vaya por delante que lo digo con ironía— de todas estas tecnologías es que abaratarán los precios finales de la energía, solo por el mero hecho de que sus costes variables de generación se acercan mucho a cero y los costes de instalación se han reducido considerablemente.

Sí, quizá sea esta razón la que frena el desarrollo de las renovables. Todos sabemos que el mayor lobby mundial es el energético. Si el suministro de energía se hace independiente de las grandes compañías, que son las únicas capaces de realizar inversiones en grandes centrales, corporaciones que, hasta hoy, han manejado la tecnología y han conseguido hacerse imprescindibles; si sucede esto, dejarán de tener ascendencia sobre gobiernos de todo el mundo y perderán poder. Por eso luchan para que no avancen las renovables, hasta que hayan exprimido a la población y los recursos que dominan. Después, las renovables serán buenas. Pero, ojo, solo si las explotan ellos.

Todos sabemos que el mayor lobby mundial es el energético. Si el suministro de energía se hace independiente de las grandes compañías, que son las únicas capaces de realizar inversiones en grandes centrales, corporaciones que, hasta hoy, han manejado la tecnología y han conseguido hacerse imprescindibles

Gestionar la transición energética

Ya en el plano normativo, a la vista del llamado “Paquete de Invierno” de la Unión Europea, podemos afirmar que el debate ya no es renovables sí o renovables no, el debate es el ritmo, cómo integrarlas con seguridad, manteniendo la competitividad, y cómo gestionar adecuadamente la salida de las energías fósiles del sistema. En definitiva, ejecutar la necesaria transición energética.

Este escenario obliga a tomar en consideración muchas otras variables comenzando por el transporte, el urbanismo, la gestión de la demanda, las políticas industriales, etcétera.

En España, la desconexión absoluta entre los distintos departamentos y políticas (medio ambiente, energía, economía y hacienda, fomento/transportes o industria) y la ausencia de liderazgo por parte del presidente del Gobierno, nos hacen ser pesimistas, no porque no se alcancen los objetivos, pero sí porque las velocidades no serán las adecuadas y, en este caso, no por exceso.

La desconexión absoluta entre los distintos departamentos y políticas (medio ambiente, energía, economía y hacienda, fomento/transportes o industria) y la ausencia de liderazgo por parte del presidente del Gobierno, nos hacen ser pesimistas, no porque no se alcancen los objetivos, pero sí porque las velocidades no serán las adecuadas

Un Pacto de Estado de la Energía, a nivel nacional, y una PEC (Política Energética Común) en el ámbito de la Unión Europea, serían deseables y, en ambos casos, con intervención de políticos, empresarios, tanto del sector eléctrico como grandes, medianos y pequeños consumidores, sociedad civil, científicos, etcétera. No ha habido políticas energéticas que hayan tenido éxito sin el consenso y participación de todos los actores. Y éstas deben plantearse con horizontes de al menos veinticinco años. Lamentablemente, no hay políticos que piensen en esos plazos.

Creo que también hay consenso en señalar la gestión de la demanda como uno de los vectores que puede mejorar nuestro sistema eléctrico, pero este tema será objetivo de un próximo artículo.

La seguridad jurídica

Pero todo lo anterior no tendría ningún sentido sin que se diera a los inversores una necesaria y suficiente seguridad jurídica. Las normas no pueden ser cambiadas sobre la marcha si lesionan derechos de una de las partes.

España ha quebrado esa seguridad jurídica tan necesaria y nos ha convertido en líder indeseado de reclamaciones de arbitrajes internacionales. Esto ha llevado a nuestro país del segundo lugar mundial en interés de los inversores al número 29, por detrás de Filipinas.

Y hubiera habido soluciones si hubiera habido diálogo con el sector. Tengo que decir que en 30 años no he conocido autoridad energética con menos diálogo y así hemos acabado en esta situación. El actual Ministerio de Energía, Turismo y Agenda Digital es el órgano de la Administración con más contenciosos judiciales.

Y no solo en los arbitrajes internacionales que se sustanciarán muy probablemente en contra de España y que tendremos que pagar entre consumidores y contribuyentes, sin responsabilidad por parte de quien ha tomado esas medidas, según mi predicción también los tribunales españoles sentenciarán en contra de la Administración en otros muchos aspectos. Pero los daños causados no se repararán en su totalidad y los responsables no estarán en el Gobierno (José Manuel Soria, por ejemplo).

Me pregunto qué Gobierno, una vez condenado por la Carta de la Energía, será capaz de compensar los perjuicios causados a los no nacionales y dejar sin satisfacer a los promotores e inversores nacionales en sus demandas, tan justas y razonables como las de inversores extranjeros.

Un futuro prácticamente 100% renovable es posible, pero tenemos que poner los medios para ello.