Llevamos ya varios años en que algunos se empeñan en demonizar las energías renovables en España. El más reincidente desde el Gobierno es el Secretario de Estado de Energía en funciones, Alberto Nadal, que quizás porque se veía a si mismo ya acomodado en Washington se permitió decir de los autoconsumidores eléctricos que son unos “insolidarios” y unos “depredadores” del Sistema eléctrico.

Se repite el mantra de que en España se han hecho barbaridades con las renovables, cosa que no se cansa uno de rebatir aunque mis explicaciones caen en saco roto sin atender a las razones como si le estuviese explicando a un culé que Ronaldo es mejor que Messi. Los colores no entienden de números.

Si asumiéramos que las renovables, son malas malísimas y el único mal del Sistema eléctrico, deberíamos reflexionar también sobre por qué se desarrollan a pasos agigantados en todo el mundo y por supuesto en toda Europa, tecnologías como las fotovoltaica, la más mala de todas las villanas renovables. No caben más que dos conclusiones, que somos más listos que nadie o más torpes que nadie.

IRENA 2015 potencia fotovoltaica instalada en distintos países (2006-2015)

Si el argumento es que hemos apostado por unas tecnologías inmaduras que hoy están alcanzando la madurez, habrá que preguntarse por qué hemos hecho el gran esfuerzo que generó industria, empleo, i+D y generación limpia de electricidad para abandonar la carrera tras el mayor esfuerzo.

Siguiendo con este argumento, si la situación fue esa en el pasado, ¿qué impide hoy instalar renovables a los costes actuales? Es obvio que leer noticias como la que nos hacía saber que Bruselas instaló más fotovoltaica el año pasado que toda España nos da pista de por dónde se mueven los tiros hoy. Si los demás lo hacen, con menos recurso solar que nosotros, ¿Por qué nosotros no?

Si el argumento es que nuestra electricidad tiene que ser sostenible medioambientalmente pero también económicamente, estamos de acuerdo, pero no me vendan la moto de que las tecnologías fósiles que emiten menos que otras que también lo son, o las que dejan a cargo de las generaciones futuras la custodia de unos peligrosos residuos son sostenibles económicamente.

No me lo cuenten, a menos que queramos dejar a las generaciones futuras un planeta hipotecado. La externalización de costes y la venta a plazos (venta que, por cierto, inventó Singer, el de las máquinas de coser) no sirven para la energía. Las tecnologías fósiles y la nuclear no son más baratas, pagamos todos sus costes y con intereses, con la diferencia de que no existe transparencia en la forma de asumirlos.

La importancia de la Seguridad Jurídica

Si esto es así en todos los países más o menos, ¿Por qué todos hacen más renovables que nosotros? Creo que la respuesta está en la Seguridad Jurídica, concepto que aparentemente nuestros jueces interpretan de manera laxa en materia de renovables cuando por ejemplo nos advierten de que quienes nos dedicamos a esto de las energías limpias, debíamos haber previsto esa inseguridad de manos del Gobierno, como si esto fuese una república bananera.

Hay que recordar que los sistemas de apoyo a las renovables no han sido caprichosos, sino que venían motivados por la externalización de costes de las otras tecnologías que antes mencionaba y que hoy nuestro Sistema tiene una sobrecapacidad de generación, especialmente de ciclos combinados de gas, pero el impulso a las energías limpias nos ha permitido reducir nuestras emisiones y nuestra dependencia energética así como el precio del mercado mayorista, como públicamente lamentan los señores del gas natural y como ignoran algunas de las grandes patronales de este país.

El impulso a las energías limpias nos ha permitido reducir nuestras emisiones y nuestra dependencia energética así como el precio del mercado mayorista

De una manera o de otra, es la seguridad jurídica la que permite que un país se desarrolle independientemente de sus recursos. En América del Sur tenemos varios ejemplos de países con enormes recursos naturales pero con escasa Seguridad Jurídica que hace además que los inversores solo arriesguen su dinero con altas rentabilidades que especialmente en infraestructuras, acaba asumiendo el ciudadano Paganini.

El crecimiento de la demanda, que no espera milagros, la interconexión con terceros países o los objetivos de eficiencia y ahorro en el consumo no parecen suficientes razones puesto que son comunes para Europa y disfrutan de tiempos mejores en materia de renovables. Vienen nuevos tiempos para la energía y el que se espere a verlo todo crudo, se va a quedar atrás, porque otros habremos tomado la iniciativa.