Parece que el partido que nos gobierna se empeña en ir en contra de la corriente, independientemente de la dirección de esta. Cuando fuimos pioneros en el desarrollo de las tecnologías renovables abriendo camino, nuestro entorno nos observaba con atención para ver cómo evolucionábamos. Fue tan acertada la decisión, que el resto de países, con mayor o menor grado de industrialización y con mayor o menor disponibilidad de combustibles fósiles iniciaron el mismo trayecto sin vuelta atrás.

Europa entiende que la independencia energética es básica y, a poder ser, debe lograrse sin deteriorar el entorno con cantos de sirena en forma de gas pizarra. No se nos debe escapar que dejar de depender de países extremistas o poco democráticos no solo nos fortalece como economía sino que les debilita a ellos. Por tanto, es tremendamente importante también por este motivo que las políticas energéticas mantengan su apuesta por las renovables.

No se nos debe escapar que dejar de depender de países extremistas o poco democráticos no solo nos fortalece como economía sino que les debilita a ellos

No deja de resultar paradójico que estos días nuestro Monarca visite un país como Abu Dabi, con unas de las mayores reservas de petróleo y gas del mundo para promover las renovables y paliar los efectos de nuestra inseguridad jurídica mientras que nuestro gobierno mantiene una moratoria sobre las energías limpias sine die.  Y nosotros, de petróleo…

Ahora que está tan de moda hablar del gas ruso, nuestros políticos nos “tranquilizan” diciendo que no debemos preocuparnos, que nuestra dependencia de este país es escasa y que nosotros dependemos más de Argelia y otros países similares. ¡Qué tranquilidad!

Parece que cuando las economías del mundo buscan su independencia energética, nosotros que íbamos camino de reducirla, nos esforzamos en dejar de depender de unos para depender de otros. ¿Por qué vamos siempre al revés?

Dependencia energética e intereses ocultos

¿Es obligatorio depender de alguien? ¿Qué intereses pueden tener quienes apuestan por complejas y caras estructuras de transporte de gas en detrimento de un sistema de generación distribuida y completamente libre de emisiones? Por si las razones económicas y geopolíticas no fuesen suficientemente contundentes, las advertencias de la ONU nos recuerdan que debemos combatir el cambio climático, que no es cuestión de que llueva más o menos o de que el tiempo esté loco. Las consecuencias de los cambios en el clima tienen un efecto directo sobre la economía. Esta por si sola es razón suficientemente importante para considerar una apuesta por las energías limpias sin el argumento de la dependencia, pero queda ligada a ella porque de forma redundante, las acciones para combatir ambas debilidades generan efectos económicos beneficiosos.

Mientras que los juristas empiezan a acuñar el término de solidaridad intergeneracional no sólo para la aportación de pensiones de los que trabajan para los que hoy son jubilados, sino para relacionar nuestra actividad de hoy con el efecto que producirá en la Tierra de mañana, debemos considerar que no es justo dejar a las futuras generaciones un planeta deteriorado. Veremos si en el futuro, las grandes corporaciones que se han lucrado destruyendo el entorno y si los políticos en cuya mano está impedirlo no asumen las consecuencias de sus malas prácticas. En cualquier caso, si el Estado termina siendo responsable subsidiario de dejar el planeta deteriorado a los que lo habitarán mañana, habremos pagado igualmente la fiesta del CO2 y los verdaderos responsables se “irán de rositas”.

Veremos si en el futuro, las grandes corporaciones que se han lucrado destruyendo el entorno y si los políticos en cuya mano está impedirlo no asumen las consecuencias de sus malas prácticas

Por eso, no está de más recordar a este Gobierno, que parece no tener más plan que apostar por el gas, que ahí están las renovables para combatir el cambio climático como reclamaba esta misma semana el Grupo de Trabajo del IPCC que ha vuelta a encender todas las alarmas. Esas que no ven ni oyen o no quieren ver ni oir.