Hay muy pocas evidencias reales contra el coche eléctrico desde el punto de vista tecnológico y funcional. La entrada de los grandes constructores de automóviles en este segmento le ha dado credibilidad y, sobre todo, le ha convertido en un verdadero coche y no en un remedio poco convincente.

La escasez de autonomía, uno de los hándicaps más argumentados en su contra, se sustenta con dificultad, pues hay algunos por encima de los 200 km (más en ámbito urbano por la regeneración de la frenada) y Tesla ha demostrado que es posible llegar a los 500 km, una distancia que ya anuncian otros fabricantes para modelos próximos.

Su precio es una cuestión de economía de escalas. Como toda tecnología disruptiva, su entrada minoritaria eleva su coste, pero decrece rápidamente cuando aumenta el volumen.

La industria del automóvil ha apostado por él. Y lo ha hecho en bloque, pues no hay una sola gran marca que no tenga o haya anunciado, versiones eléctricas para completar su gama. Como en el mix eléctrico, los fabricantes comprenden que cada uso requerirá un vehículo movido con combustibles específicos y ellos deben ofertarlo o lo harán otros. Y la electricidad juega un papel importante en el parque de automóviles del futuro, especialmente en los entornos urbanos y semiurbanos.

Y como muestra de que no es una mera argucia de marketing, están invirtiendo en desarrollar tecnologías tanto en las baterías, de la mano de fabricantes especializados, como en motores y otros elementos que contribuyan a reducir su coste y aumentar su eficiencia.

Las empresas involucradas en la cadena de valor del vehículo eléctrico están haciendo sus deberes. Incluso desde un punto de vista comercial, promocionándolos con descuentos y ofertas muy atractivas.

Pero hay un círculo, no precisamente virtuoso, que hay que romper. En España apenas se venden vehículos eléctricos. 1.461 vehículos durante 2015, una cifra que no se corresponde con el peso de los modelos eléctricos fabricados en España.

Fuente: Forococheselectricos Fuente: Forococheselectricos.com

No se venden coches, no bajan los precios; no bajan los precios, no hay volumen; no hay volumen, no se implantan infraestructuras de recarga especialmente en tramos interurbanos (corredores ibéricos); no hay infraestructuras de recarga, el gran público no se decide por un modelo eléctrico. Y si no se compran, no se vende. Cerrado el círculo perverso.

No tengo la menor duda de que este círculo acabará rompiéndose con el tiempo, como ha pasado con otras tecnologías que hoy son imprescindibles como la telefonía móvil o internet. Y muy rentables. Pero también es cierto, que el tiempo juega en contra de todos nosotros. La contaminación de las ciudades es insostenible y el escándalo de las falsas emisiones del grupo Volkswagen ha hecho patente que sólo con la entrada masiva de vehículos eléctricos se podrá garantizar la salud de los ciudadanos en las grandes urbes.

No tengo la menor duda de que este círculo acabará rompiéndose con el tiempo, como ha pasado con otras tecnologías que hoy son imprescindibles como la telefonía móvil o internet

Entonces, ¿a qué esperan las autoridades, locales, autonómicas y estatal para cumplir con su deber? Sin el vehículo eléctrico no podrán cumplir con Directiva de energía limpia para el Transporte ni con los compromisos de Kioto a las que están obligados. Lo digo sin ambages: están siendo negligentes en sus obligaciones legales y, sobre todo, morales para con sus votantes.

La industria está desarrollando la tecnología, pero el círculo se romperá más rápidamente si los estados y los ayuntamientos ponen las bases legales y económicas para un cambio de modelo en la movilidad, tanto urbana como interurbana. Un transporte que ha de ser sostenible y menos agresivo para la salud humana y del planeta.

El círculo se romperá más rápidamente si los estados y los ayuntamientos ponen las bases legales y económicas para un cambio de modelo en la movilidad

Pero además, económicamente más rentable. El petróleo, ahora en un receso, continuará subiendo y disparando los costes de la movilidad. La electricidad, que ha demostrado que se puede generar masivamente con energías renovables, abaratará el transporte y además reducirá la dependencia energética y convertirá a España en una potencia gracias a su riqueza solar y eólica. Que cada palo aguante su vela. La industria está cumpliendo. Ahora les toca a los responsables públicos.