El pasado 28 de mayo, la Comisión Europea presentó su Comunicación sobre la Estrategia de Seguridad Energética Europea, en la que analiza la situación energética actual en la Unión Europea y presenta las acciones a emprender en el corto y medio plazo.

La Comunicación comienza haciendo un diagnóstico de la delicada situación en la que se encuentra actualmente el sistema energético europeo, debido sobre todo a las tensiones políticas con Rusia con motivo de la crisis ucraniana. La Comisión ofrece algunos datos muy contundentes, como que el 53% de la energía consumida en la UE es importada, o que la dependencia de las importaciones es de 90% en el caso del petróleo y del 66% para el gas natural. Además, seis estados miembros tienen como único suministrador de gas a Rusia.

Si se analiza en términos económicos, la UE se gasta más de 1.000 millones de euros cada día en importar energía (400.000 millones al año), lo que representa una quinta parte de las importaciones totales de bienes y servicios a la UE. Y todos estos datos deben ser contextualizados, además, en un escenario en que se prevé un incremento del 27% de la demanda energética mundial para el 2030.

Por tanto, esta dependencia energética del exterior tiene dos consecuencias negativas, como son la seguridad del suministro y el alto coste económico de importar energía. La Comunicación de la Comisión se centra sobre todo en la primera.

Esta dependencia energética del exterior tiene dos consecuencias negativas, como son la seguridad del suministro y el alto coste económico de importar energía

Para incrementar la seguridad energética en la UE, la Comisión Europea propone un tratamiento basado en un total de ocho actuaciones a corto y medio plazo: mejorar la capacidad de almacenamiento de gas y petróleo, incrementar la solidaridad entre Estados Miembros, moderar la demanda eléctrica, completar el mercado interno de la electricidad, incrementar la producción, mejorar la tecnología, diversificar las fuentes y mejorar la coordinación entre Estados.

Si bien no cabe realizar objeciones a las actuaciones en el corto plazo, pues una de las prioridades debe ser que el próximo invierno los europeos puedan tener calefacción y electricidad a precios razonables, sí que se echa en falta en la Comunicación la adopción de medidas eficaces para desterrar el problema de raíz.

En otras palabras, la prioridad en el medio plazo no debería ser diversificar los países a los que la UE compra gas y petróleo, para no depender tanto de Rusia, sino ir hacia una eliminación de la dependencia energética. Para ello, hacen falta políticas creíbles y duraderas de Eficiencia Energética, e incrementar el objetivo de renovables hasta alcanzar una meta ambiciosa y acorde con las esperadas mejoras tecnológicas que sucederán en los próximos 30 años. Y es que hay que recordar la obviedad de que estamos más cerca del año 2000 que del 2030. Y que si el coste de producir mediante energías renovables se ha reducido tan drásticamente entre 2000 y 2014, es de prever una reducción igual o mayor en los próximos 16 años. Por lo tanto, si parece que Europa en su conjunto va a ser capaz de llegar al 20% de renovables en 2020, el objetivo del 27% para el 2030 resulta insuficiente. Europa no puede permitirse seguir más tiempo derrochando el abundante recurso renovable con que cuenta, y que en la actualidad no está explotando.

Si el coste de producir mediante energías renovables se ha reducido tan drásticamente entre 2000 y 2014, es de prever una reducción igual o mayor en los próximos 16 años

Finalmente, también se echa de menos una política más ambiciosa en materia de transporte. Y es que una de las principales causas de la desmedida dependencia energética europea es precisamente el transporte, donde el petróleo todavía es la fuente de energía mayoritaria. En este campo hay que actuar de dos formas. Por un lado reduciendo el consumo energético del sector, mediante una mejora del planeamiento urbano, del sistema colectivo de transportes y de la eficiencia de los vehículos. Y por el otro, avanzando en la electrificación del transporte, realizando una apuesta clara y duradera por los vehículos eléctricos.