Parece que se avecina una nueva tormenta para los consumidores de luz en España. La tormenta parece traer aparato eléctrico en forma de contador inteligente y, amigos, ahí está la madre del cordero. Para determinar si es beneficioso para el consumidor el sistema que el Gobierno propone ahora (apenas unas semanas después de aprobar una nueva Ley del Sector Eléctrico que sustituye a la de 1997 del propio PP con Aznar), vamos a analizar sus principales carácterísticas.

Indexar al pool, como se dice en el argot eléctrico, a los pequeños consumidores supone en teoría que estos asuman el precio de la energía que fluctúa cada hora del día, siguiendo la curva del mercado y por tanto asumiendo sus riesgos. Esto no tiene por qué ser perjudicial, siempre y cuando el mercado no sea excesivamente volátil, y parece más justo que pagar un precio fijo por la electricidad independientemente de lo que nuestro comercializador pague por ella.

El mercado eléctrico diario, en el que compran casi todo y venden casi todo las mismas cinco empresas, no parece mucho mercado en realidad. Existe evidentemente un oligopolio y por tanto, no puede generar mucha confianza el anhelo de que la nueva situación fomente la competencia.

El mercado eléctrico diario, en el que compran casi todo y venden casi todo las mismas cinco empresas, no parece mucho mercado en realidad

Algo bueno que pueden aportar las renovables en este nuevo sistema es que al ser precio aceptantes, es decir, al ofrecer su energía a precio cero en el mercado y aceptar el precio de la tecnología más cara que es el gas, precisamente expulsan de la subasta diaria a las centrales de gas más caras y por tanto, en función de su disponibilidad contienen o reducen el precio del famoso pool eléctrico.

Un coste imprevisible en la factura de la luz

Pero volvamos a la cuestión de los indexados. Si  hemos dicho que como idea es la más equitativa para el consumidor y que, de hecho, se extiende cada vez más entre consumidores más grandes, debemos advertir que su implantación es harto complicada y que además generará desconcierto en el ya cabreado y desconfiado consumidor eléctrico.

Las razones son varias y entre ellas, la más destacada es que la propuesta del Ministerio de Industria hace imprevisible el coste de la factura a menos que se tenga conocimiento del comportamiento diario del mercado y capacidad para adaptar los consumos. Esto, claro, contando con que nuestro equipo de medida cuente con la capacidad de transmitir en tiempo real la energía consumida al concentrador de medidas.

¿Y qué pasa si no tengo contador inteligente?

Si no tenemos un contador de los llamados inteligentes, se nos aplicará un perfil de consumo determinado por REE que no necesariamente tiene que coincidir con nuestros hábitos, por lo que hará inútil que traslademos a los horarios de menor demanda nuestro consumo con la esperanza de ahorrar en nuestra factura.

A la hora de reclamar tendremos poca información con la que manejarnos y por tanto, estaremos limitados a la hora de discutir nuestra factura. Queremos pensar que nuestro comercializador es honesto, pero la situación en todo caso parece que será poco transparente. Para los que teman un galimatías incluso superior al actual en la factura de la luz, decirles que pueden estar tranquilos, ya que el “cacao” de la factura será parecido dado que al final aparecerá un precio por kWh que se multiplicará por nuestra energía consumida.

A la hora de reclamar tendremos poca información con la que manejarnos y por tanto, estaremos limitados a la hora de discutir nuestra factura

En definitiva, nos proponen un complicado laberinto para poder decir que es el mercado el que encarece el precio de la energía y que el Gobierno, lavándose las manos como Pilatos, no tiene nada que ver. Sería mucho más eficaz simplificar el sistema y, como en muchos países europeos,  liberalizar las tarifas tal y como esperan en la UE que hagamos desde hace tiempo.