Estamos asistiendo estos últimos días a comportamientos muy peculiares –podría usar otros adjetivos pero vamos a dejarlo diplomáticamente ahí– del mercado mayorista eléctrico que ha llegado el pasado domingo a los 93,11 € MWh, cifra que no se alcanzaba desde hace más de diez años. Este “peculiar” hecho, que coincide con un domingo de puente en el que pese al frío la demanda baja significativamente, puede llevar a preguntarnos si todavía se atreverán desde el Gobierno a relacionar estos precios con las primas a las renovables que han eliminado de nuestro marco normativo.

Antes de entrar a analizar lo que supone la eliminación de este sistema de incentivos no puedo dejar de afirmar que con precios por encima de 90 € MWh las renovables son competitivas, incluso en este mercado que está diseñado para las tecnologías convencionales y en el que hoy la mayoría de las limpias podrían ser rentables si se les asegurasen precios de 70 € MWh, especialmente la fotovoltaica que genera en horas punta del sistema y que podría ser rentable en el umbral de los 60 € MWh.

Las primas de las renovables no provocan estos precios. La ausencia de eólica: SÍ

Está claro que estos precios nada tienen que ver con las primas de las renovables pero sí, en gran parte, con la ausencia de viento puesto que es la energía eólica la que más contribuye con su gran potencial a reducir el precio del mercado. Queda todavía tiempo para hacer el balance definitivo, pero creo que el actual ejecutivo pasará a la historia por ser el único que no ha adoptado ni una sola medida que favorezca el desarrollo de las energías limpias y por tanto contribuya a reducir nuestra dependencia energética, mejorar nuestra balanza de pagos o, simplemente permita alcanzar los objetivos europeos de 2020.

A pesar de que nuestros políticos no dejan de sorprendernos en su afán por terminar con el sector de las renovables en España, hay un hecho que marca un antes y un después de tan intenso empeño. Para llevar a buen puerto la empresa de terminar con nuestro sector, las brillantes mentes que toman decisiones por nosotros decidieron que se debe acabar con el sistema de primas: el que se replica en nuestros países vecinos con éxito y sin déficit de tarifa; el que ha permitido instalaciones renovables, intensivas en capital y necesitadas de financiación por sus largos periodos de retorno; y, en definitiva, el que permite –y ahí está el fondo de la cuestión– desplazar a las tecnologías como el gas del mercado mayorista para contener el precio del pool como no ha sucedido, entre otras “peculiares” razones, estos primeros días de diciembre.

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Si hablamos de retroactividad no me corresponde emitir una opinión fundada en derecho sobre la legitimidad del cambio. Eso lo determinarán los jueces que tramiten las miles de demandas que se avecinan contra nuestro gobierno. Pero sí que me puedo basar en mi experiencia y en las manifestaciones de los fondos de inversión extranjeros que se asombran de la poca consistencia de la regulación en nuestro país, que cambia para adaptarse a los intereses de algún poderoso lobby. Si el lector piensa en lobby y “Une Esa” palabra a eléctrico, puede adivinar quien tiene interés en acabar con un sistema de primas que hasta hoy había permitido a los españoles liderar un sector en el ámbito internacional.

Las reglas de juego cambian a mitad de partido

Como de costumbre, las reglas del juego se cambian a mitad de partido, una vez más, y tienen consecuencias gravísimas para los generadores del, hasta ahora, conocido como Régimen Especial. Se les reconoce una rentabilidad subjetiva, basada en criterios poco claros y revisable cada seis años. ¿Firmarían el Ministro o el Secretario “sectario” de Estado una hipoteca con condiciones tan cambiantes y poco predecibles? ¿Hubiese invertido alguien en renovables en los últimos 20 años de saber que se encontrarían con un radical cambio legislativo cada trimestre? La respuesta probable a las dos preguntas es no.

Muchos productores perderán su inversión. La que no hubiesen acometido de no ser por el respaldo de un Real Decreto del Gobierno de España. Hoy, sin embargo, se enfrentan a una incertidumbre que les afecta a ellos, a los financiadores, al mercado mayorista de electricidad que verá desaparecer generación limpia que dejará de ser eficiente o que simplemente dejará de ser y a la economía entera, pues equipara nuestra seguridad jurídica y nuestro riesgo país con naciones poco reputadas y en permanente crisis, precisamente por esa falta de confianza de ese bien escaso y asustadizo llamado dinero.

Precios peculiares en vísperas de la subasta CESUR

La pregunta, de nuevo, que a continuación cabe formular es ¿qué pasará si después de acabar con las renovables no muere a continuación el déficit de tarifa? ¿Tendrán también la culpa de los precios tan “peculiares” que alcanza el mercado en vísperas de una subasta CESUR?

Las fuentes de energía renovables son las únicas capaces de acabar con el oligopolio eléctrico y por eso son tan temidas. Razón de más para apoyarlas.