Artículo publicado originalmente en el número de octubre 2014 de El Economista Energía

Hace ahora un año, en este mismo medio, escribí un artículo en el que, entre otras cosas, comentaba la decisión del Gobierno del Reino Unido de contratar con EDF la construcción de una central nuclear de 3.200 megavatios y un coste inicial previsto de 19.000 millones de euros, es decir, 6 millones de euros por megavatio instalado. El Ejecutivo británico aseguraba a la compañía estatal -sí, todavía estatal- francesa un precio en euros constantes de 109 por MWh generado, por cierto, el doble del precio medio actual en ese país. También entonces el ministro de Industria británico afirmaba que, por primera vez, la energía nuclear no iba a costar una libra al contribuyente, por lo cual podemos concluir que hasta entonces sí le habían costado dinero esos kilovatios nucleares. Comparaba yo en aquel artículo lo que costaría esa misma generación eléctrica con fotovoltaica y, si ya entonces salía ésta muy favorecida, hoy todavía lo sería más puesto que su coste de instalación sigue bajando espectacularmente.

Como premisa debo aceptar la legitimidad de un Gobierno para decidir qué tecnología prefiere para asegurarse el suministro de energía y así se lo reconoce el Tratado de la Unión Europea. No coincido con que esa opción sea la nuclear pero debo respetarlo. Ese respeto que mantengo yo por lo que considero una elección equivocada, es el mismo respeto que sí que puedo exigir a un Gobierno para que no mienta a sus ciudadanos en los argumentos que emplea para justificar sus decisiones. Y en este caso -hay que decirlo muy claro- se ha engañado y se sigue engañando a la sociedad. Y, por cierto, si no se trata de mentir deliberadamente sino ignorancia la cosa sería todavía peor.

¿Por qué digo esto? En la noticia aparecida a primeros de octubre dando cuenta de un nuevo episodio sobre el citado proyecto, elEconomista titulaba: “Bruselas autoriza a Reino Unido a dar ayudas hasta 20.000 millones de euros para la nueva central nuclear”. De entrada, uno puede preguntarse cómo es posible que la Comisión Europea que tan vigilante está siempre en los temas de la competencia, subvenciones o cualquier tipo de ayuda en la UE haya tendido la alfombra roja para este proyecto y con una ayuda tan suculenta como lo es en este caso. Vamos con los datos de la noticia.

1) “Los costes de construcción de la planta de Hinkley se estiman en 31.200 millones de euros. La central requerirá una financiación de la deuda de 21.600 millones y finalmente tendrá un capital de alrededor de 43.000 millones, según los datos de Bruselas. El inicio de operaciones está programado para 2023, con una vida útil prevista de 60 años.

Respecto a la inversión inicial, 31.200 millones de euros (¡9,75 millones de euros el MW!) es lo que se ha estimado ahora pero ¿no eran hace sólo unos meses 19.000 millones de euros? ¿Tan deprisa aumentan los costes de la tecnología barata o a lo mejor es que se están anticipando a lo que ha sucedido –está sucediendo todavía- con la central finlandesa de Olkiluoto, que tiene ya un coste de mucho más del doble de la inversión inicialmente prevista y un retraso de siete años?

2) “Reino Unido tiene previsto establecer un apoyo a los precios, que garantiza que el operador de la planta de Hinkley recibirá ingresos estables durante un periodo de 35 años. El operador se beneficiará además de un aval público que cubrirá la deuda para financiar la construcción de la planta.

¿Un aval del Estado? Pero ¿no decía el ministro de turno que la nueva central no iba a necesitar fondos de los contribuyentes? Lo que sí parece claro es que entre las ayudas y la financiación avalada por el Estado, el promotor no va a poner ni un euro. Ya nos están faltando al respeto, no pueden decir una cosa y hacer la contraria porque los ciudadanos tenemos memoria y, por si acaso, ahí están las hemerotecas o, mejor, los buscadores en la red.

Después de repasar las cifras del proyecto de central nuclear británica o de la central finlandesa uno se pregunta ¿cómo es posible que todavía haya quién siga afirmando que las renovables son caras? Pues sí, los mismos que decían que la nuclear era muy barata hasta que un día cuando se puso de manifiesto en el debate público que el precio que percibe la energía nuclear en nuestro país -el de la tecnología más cara que cada día fija precio- le permitían obtener esos windfall profits, beneficios caídos del cielo, cuestionados desde tantas instancias.

La Unión Europea participa también en el proyecto ITER para investigación de la energía nuclear de fusión aportando aproximadamente un 40 por ciento de los 15.000 millones de euros que de momento ha supuesto el mismo. Creo que puedo afirmar, sin que me tilden de exagerado, que si estas ayudas y condiciones se aplicaran a las tecnologías renovables -especialmente a la eólica y a la fotovoltaica- los resultados serían mucho más rentables para la sociedad: de entrada podríamos obtener energía limpia; ni emisiones ni residuos; mucho más barata; no dependeríamos de países suministradores de gas o petróleo, ni de los que controlan la energía nuclear; y, por supuesto, tendríamos el resto de importantes retornos socioeconómicos que está acreditados por diversos estudios.

¿Por qué sucede todo esto? ¿Por qué se cuestionan los premios a las renovables y se conceden ayudas a la energía nuclear? En mi opinión, subjetiva por supuesto, la respuesta es muy sencilla: el lobby nuclear tiene mucho poder

Entonces, ¿por qué sucede todo esto? ¿Por qué se cuestionan las ayudas a las renovables y se conceden ayudas a la energía nuclear? En mi opinión, subjetiva por supuesto, la respuesta es muy sencilla: el lobby nuclear tiene mucho poder. Y más opinión particular, a lo peor porque soy mal pensado, la tecnología nuclear está en manos de muy pocos. Las renovables, en cambio, son mucho más sencillas, no requieren grandes inversiones y están al alcance de cualquier ciudadano y en todo el universo. ¿Es esta la razón principal de que sean denostadas o, como, mucho farisaicamente admitir que son necesarias pero…?