Hoy, 5 de marzo, es el Día Mundial de la Eficiencia Energética y pensando sobre ella, sobre la eficiencia y su razón de ser, he encadenado una serie de reflexiones que me llevan, por supuesto, a justificar su desarrollo y a volver a reivindicar de forma colateral la implantación de fuentes de energía renovables por ser las únicas autóctonas e inagotables.

Este día se viene celebrando desde hace relativamente pocos años y surgió lógicamente para transmitir fundamentalmente una idea: no podemos malgastar la energía. Hubo un tiempo, a principios del siglo XX y durante buena parte del mismo, en que todo el mundo tenía la percepción de que esta, la energía, parecía ser abundante y aparentemente barata, incluso hasta relativamente infinita, pues las expectativas de crecimiento de la economía mundial no podían atisbar su desarrollo real hasta bien entrada la última parte del pasado siglo.

5-M Día Mundial de la Eficiencia Energética

Sin embargo, las sucesivas crisis del petróleo, las propias crisis económicas y los conflictos bélicos de implicación internacional nos han hecho tomar conciencia de la escasez de la energía y de su encarecimiento progresivo y paulatino. Hoy las guerras en las que los países ricos intervienen, ya no se desencadenan por los colores de las banderas o de la piel, sino por la posesión y control de los recursos energéticos. En las demás guerras ni estamos ni se nos espera.

 Las sucesivas crisis del petróleo, las propias crisis económicas y los conflictos bélicos de implicación internacional nos han hecho tomar conciencia de la escasez de la energía y de su encarecimiento progresivo y paulatino

Pero parece que por fin hemos asumido que los combustibles fósiles son finitos y lo son en un mundo en el que cada vez somos más y nuestro nivel de vida es superior. Accedemos a comodidades de todo tipo que nos hacen incrementar nuestro consumo de energía per cápita y por tanto, parece obligado desarrollar tecnología para consumir menos sin renunciar a nuestras comodidades.

Este es el primer paso, la eficiencia y el segundo, la independencia energética. La situación actual en Ucrania ha puesto de manifiesto una vez más que el equilibrio entre países consumidores de gas ruso (UE), canal de distribución (Ucrania) y la propia Rusia es verdaderamente delicado y evidencia un enorme interés por la energía primaria que otros poseen y que nosotros necesitamos.

Una oportunidad de oro perdida

Dado que nuestro país no es productor de petróleo ni de gas, parece lógico que el camino pase por la eficiencia energética, donde hemos perdido una oportunidad de oro con el boom de la construcción que se ha desarrollado ajeno a los criterios de eficiencia energética y, por supuesto, por la implementación de las  tecnologías de aprovechamiento de las fuentes renovables.

Lo primero porque debemos consumir menos energía lo que tiene un efecto económico beneficioso innegable. No importa si se consigue en un mayor o menor plazo porque la demanda de electricidad por ejemplo, solo se ve alterada de manera forzosa por las crisis económicas, pero termina incrementándose siempre.

Lo segundo, porque si reconocemos que depender de combustibles fósiles -que otros países poseen-  que tenemos que importar  genera un perjuicio económico grave, no nos queda otra alternativa que apostar por las renovables.

“España  gasta en importar energía primaria unos 45.000 M€ anuales, es similar a lo que ingresamos por turismo al año: 50.000 M€”

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Basta para soportar tal afirmación decir que la cifra que gastamos en importar energía primaria -unos 45.000 M€ anuales- es similar a la que ingresamos por turismo al año -50.000 M€ año- y  nuestro logro, ser el tercer país receptor de turismo del mundo se diluye a nivel macroeconómico por nuestra dependencia energética, un 30% más que la media de la Unión Europea.

El problema no será la disponibilidad de los combustibles sino su coste

No olvidemos que si la eficiencia energética tiene sentido es porque dependemos de unas fuentes de energía caras contaminantes y escasas. Se puede afirmar que en el desarrollo de la economía mundial para los próximos diez años el problema no será la disponibilidad de esos combustibles sino su coste. Un coste que probablemente nosotros, como país, no podamos asumir dada la situación económica que padecemos actualmente, con el mayor nivel de endeudamiento de nuestra historia y con pobres expectativas de crecer al ritmo al que lo veníamos haciendo hace un lustro. Solo los más ricos podrán pagarlo.

Para ser competitivos en la próxima década, la receta es sencilla: eficiencia energética y desarrollo de las energías renovables. La única elección posible está entre liderar ese cambio de modelo o esperar a que otros lo hagan y entonces, en este segundo caso, dejaremos de depender de unos países para terminar dependiendo de otros.